Vacunación, lo demás es carreta

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Cada día trae su afán y cada año trae su esperanza. Casi todos damos inicio al año nuevo provistos de buenas intenciones, nobles causas, grandes proyectos y, en general, todo tipo promesas para tener una vida más agradable y una sociedad más justa.

Este año nuevo, por supuesto, tiene también algo de eso aunque con mucha menos intensidad. Hay que reconocer que se siente y se vive diferente por cuenta de esta terrible pandemia que nos ha llenado de enfermedad, muerte y desolación, y que ha azotado con particular fuerza a algunos países, entre ellos Colombia, donde por alguna razón no hemos sabido hacer las cosas de forma adecuada por la indisciplina social, pero también por los mensajes contradictorios de los gobiernos nacional y locales.

A diferencia del optimismo de años atrás, este empieza con claroscuros que hacen que, por lo menos, todo esté en modo neutro, estático. Son innumerables los planes que aún no pueden empezar, que se encuentran aplazados y no iniciarán como por arte de magia o por el simple hecho de que el almanaque haya dado paso al 2021. Los problemas no desaparecen tan fácilmente y menos los más graves.

El año nuevo empieza en algunos países del mundo con la magnífica noticia de que han empezado sus programas de masiva vacunación. Es decir, vacunación de verdad. Ya están dispuestos millones de vacunas, la gente ha empezado a ver la luz al final del túnel y a sentir que se dan pasos agigantados para recuperar la normalidad o gran parte de ella.

En otros países, desafortunadamente, la noticia sobre las vacunas está sometida a la expectativa. Tiene más futuro que presente. Hay cronogramas generales de vacunación y la promesa de que pronto se dará inicio. Pero, en concreto, no hay nada más. Las vacunas aún no llegan. Los anuncios son tan generales como sospechosos y están enredados en trámites burocráticos, en filas para su adquisición y en mensajes para tranquilizar al rebaño pero no para inmunizarlo.

En aquellos países en los que la vacunación ya empezó, la solución, de una u otra manera, parece estar a la vuelta de la esquina, eso les permite concretar pronto los programas para la reactivación y no solo soñar.

En donde la vacunación aún no ha empezado, el panorama es más complejo. Aumentan de forma considerable los contagios y se dispara el número de muertos. En Colombia, todo se agrava por cuenta de un Gobierno que quiere mantener el tema de las vacunas como si se tratara de un asunto reservado —que no lo es— para evitar el escrutinio público y la exigencia de resultados en dicha materia, convirtiéndolo en una fuente irrefutable en lo mediático y ajena a cualquier control político, ciudadano o periodístico.

Duque habla de una fecha de inicio que el propio ministro de Salud desconoce. No sabe uno si el Gobierno sigue dormido o si ya se despertó. La situación de Colombia es grave y el Gobierno ha sido errático y contradictorio. Se siguen presentando aglomeraciones, días sin IVA, comercio y turismo irresponsables y hasta finales de fútbol profesional, en donde los protocolos son tan solo documentos minuciosos que nadie cumple y que tardamos meses en elaborar. Hay gente bastante ignorante que actúa como si el virus ya se hubiera ido, como si no matara, o incluso hay quienes sin vacunarse viven como vacunados.

El tiempo nos dirá si el Gobierno preparó bien el sistema hospitalario o no, y si este resiste el segundo brote. Ojalá así sea. Es apenas obvio que se debe acelerar no la llegada de la primera vacuna —eso es show barato—, sino el inicio de una masiva vacunación.

En el año 2021, según la OMS, no se conseguirá la inmunidad de rebaño, pero sin duda la vacunación masiva es un paso firme para ese propósito, que no puede ser ajeno a Colombia. Por eso, todos los días y sin excepción, hay que exigir la pronta y masiva vacunación de los colombianos. Lo demás es carreta.

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