Por: José Fernando Isaza

Vacunas

EL TÉRMINO VACUNA TIENE UNA CLAra acepción, un virus atenuado que al estimular el sistema inmunológico disminuye la probabilidad de contraer la enfermedad. En Colombia, además de ese significado existen otros; uno de ellos es la terrorífica vacuna guerrillera o paramilitar, la cual consiste en una nota escrita o en una solicitud verbal, para que el ganadero, comerciante o industrial contribuya con la “causa”, so pena de perder la vida o la libertad.

En ciertas ocasiones se realizan invitaciones de un dirigente cívico para visitar algún interesante lugar, y ante la pregunta ¿es seguro ir?, la respuesta era “sí, estoy vacunado” y esa vacuna se extiende a los huéspedes.

Otra connotación, menos aterradora, es la carta que se recibe de funcionarios de organismos de supervisión y control, como las “ías” –contraloría, fiscalía, veeduría, defensoría–, o las “súper” –superfinanciera, supersociedades–; la misiva dice que la entidad va a sacar su próxima revista o a realizar un encuentro de integración entre sus funcionarios y solicita apoyo financiero o en especie. La atención a esta solicitud llamada boleteo también se denomina vacuna.

Una vacuna exitosa es la diseñada contra la viruela. En toda la historia de la medicina, la única enfermedad totalmente erradicada ha sido la viruela. Esto fue posible gracias a la forma de producir y distribuir la vacuna. Su desarrollo no requirió la construcción de sofisticados y costosos laboratorios. La idea fue fruto de una inteligente contemplación de la naturaleza, realizada por científicos como Louis Pasteur.

Una pregunta que se hacían era  por qué durante las epidemias de viruela, las ordeñadoras no se contagiaban y mantenían un rostro digno de cualquier propaganda de jabones, sin cicatrices. Los pintores renacentistas y flamencos registraban este hecho. De esta observación se dedujo que la leche o las vacas producían cierta inmunidad. El paso siguiente fue infectar la herida de una vaca con póstulas de viruela, obtenida de algún desafortunado vecino. A los pocos días se recogía el asqueroso producto de esa infección, se disolvía en agua y esa era la exitosa vacuna.

La vacunación masiva funcionó por las siguientes razones:

-La producción artesanal no tuvo que pagar costosas patentes. Ni se pensó en encarecer el producto para proteger la propiedad intelectual de este descubrimiento tan benéfico para la humanidad.

-La producción fue totalmente descentralizada.

-No se conocía el concepto de “buenas prácticas de producción”.

-No se requería refrigeración para almacenar las vacunas.

-Cualquier comunidad por aislada que estuviera podía producir la vacuna, a un costo bajísimo.

Hoy, el avance, científico y tecnológico, que ha permitido crear múltiples y efectivas vacunas, no ha logrado un éxito como el obtenido contra la viruela. La producción centralizada, los altos costos de patentes y alto margen de utilidad, la carencia de refrigeradores en comunidades aisladas, impiden la aplicación masiva, condición necesaria para erradicar una epidemia.

Si se piensa más en el bienestar de la población y un poco menos en las ganancias de las multinacionales farmacéuticas, muchas enfermedades podrían erradicarse en el mundo. En Colombia, los compromisos del gobierno en las negociaciones de libre comercio con Estados Unidos hacen muy costosa la lucha contra enfermedades controlables.

Agradezco al profesor Wasserman por la idea, de esta columna.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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