Por: Cristina de la Torre

¡Vade retro, Satanás!

DEMONIOS PROVIDENCIALES DEL fanatismo han sido por siglos el Islam, el liberalismo y la mujer.

El pastor Terry Jones, protagonista de un escándalo en EE.UU. que pudo desatar otra guerra santa como la de Bush en Irak cuando aquél quiso quemar el Corán, logró su cometido: incinerar el libro sagrado de los musulmanes. Tras un juicio relámpago el 20 de marzo, lo declaró culpable de crímenes de lesa humanidad, asesinato y terrorismo. Tras sondeo entre los fieles de su secta que pedían castigo por ahogamiento o descuartizamiento o fusilamiento o muerte en la hoguera, los más, se arrojó el reo a las llamas, en la sublime complacencia de los justos: el Islam era el diablo.

También nuestro procurador Ordóñez fue pirómano de libros “sacrílegos” en sus años mozos. Y es heredero distinguido de la tradición autoritaria que de España nos llegó envuelta en misales, mientras el puritanismo la llevaba a Norteamérica. Como presidente del Consejo de Estado, reemplazó en su oficina el retrato de Santander por un crucifijo. Caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita, sus miembros mezclan religión y política. Y besan la tumba de san Ezequiel Moreno, canonizado por pregonar que “el liberalismo es pecado” y que “la guerra (de los Mil Días) es castigo que Dios permite para purificar a la nación”.

Ordóñez debutó como procurador pidiendo anular la orden de la Corte de instruir a las colegialas sobre sus derechos sexuales. Dijo que era una campaña para promover el aborto. Lideró la insurrección de las sotanas contra una clínica que velaría en Medellín por la salud integral de la mujer. Pontificó que también ese proyecto escondía el único fin de practicar abortos. La inquisición protagonizó allí una brutal lapidación mediática de la mujer. Y el proyecto murió en los altares, dizque por inspirarse en el pecado de una “ideología de género” que buscaba “separar a la mujer de la maternidad”. Se defendió el metafísico derecho a la vida del feto, mas no el derecho a la vida de la madre.

Laureanista de corazón, Ordóñez recordará la brillante pieza oratoria de integrismo católico que el dirigente conservador pronunció en 1940. Convocaba en ella a la guerra civil contra el reformador liberal, López Pumarejo, “tirano” que negaba el origen divino del poder. Y sí, la revolución del 36 naufragó en la violencia alentada desde los púlpitos y los directorios políticos. Laureano proponía “hacer invivible la república”, cuando el franquismo, iglesiero y dictatorial, cantaba victoria sobre los republicanos en España. Monseñor Builes, el otro pilar de nuestro partido católico, agitaba las “banderas de la cruz” contra “la bestia apocalíptica” del comunismo. Vocablo terrorífico que encubría a su verdadero Lucifer, el liberalismo. De paso, se despachaba contra el otro demonio, la mujer. Fustigaba el “desgreño moral de la educación liberal: enseñanza sexual, educación mixta, escuelas protestantes, deportes femeninos con vestidos vergonzantes, en obedecimiento a planes masónicos…”. Ya en 1927 el alto clero denostaba del “relajamiento moral” que lle inquisición protagonizó allí una brutal lapidación mediática de la mujer. Y el proyecto murió en los altares, dizque por inspirarse en el pecado de una “ideología de género” que buscaba “separar a la mujer de la maternidad”. Se defendió el metafísico derecho a la vida del feto, mas no el derecho a la vida de la madre.

Laureanista de corazón, Ordóñez recordará la brillante pieza oratoria de integrismo católico que el dirigente conservador pronunció en 1940. Convocaba en ella a la guerra civil contra el reformador liberal, López Pumarejo, “tirano” que negaba el origen divino del poder. Y sí, la revolución del 36 naufragó en la violencia alentada desde los púlpitos y los directorios políticos. Laureano proponía “hacer invivible la república”, cuando el franquismo, iglesiero y dictatorial, cantaba victoria sobre los republicanos en España. Monseñor Builes, el otro pilar de nuestro partido católico, agitaba las “banderas de la cruz” contra “la bestia apocalíptica” del comunismo. Vocablo terrorífico que encubría a su verdadero Lucifer, el liberalismo. De paso, se despachaba contra el otro demonio, la mujer. Fustigaba el “desgreño moral de la educación liberal: enseñanza sexual, educación mixta, escuelas protestantes, deportes femeninos con vestidos vergonzantes, en obedecimiento a planes masónicos…”. Ya en 1927 el alto clero denostaba del “relajamiento moral” que llevaba a la mujer a olvidar “su alto oficio de reina del hogar” para convertirse en “aliciente de las más bajas pasiones”. Debía ella recuperar su misión de hija promisoria, hermana modelo, esposa ideal y madre abnegada. En suma, pagar la culpa de haber nacido. Cualquiera diría que son éstas invectivas de Alejandro Ordóñez.

Ojalá en las homilías de esta Semana Santa los sacerdotes no arrojen al fuego la norma constitucional que autoriza el aborto en casos de excepción. Que no se allanen al lector de El Colombiano que pedía matar madres abortistas, y más bien defiendan la vida de la mujer. Como defienden la paz y

 

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