Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Valle de babas

Que hoy Ubéimar Delgado sea gobernador del Valle del Cauca retrata lo que está pasando.

Este conservador hecho en las toldas del “lloredismo” y consentido de Uribe, es un manzanillo de pueblo sin importancia colectiva, que concibe la política como una empresa familiar, como lo demostró hace unos meses al ceder su curul en el Senado a su hermano César Tulio, otro politiquero, ascendido de concejal a senador. Pero hay que ser justo, Ubéimar sabe por dónde va el agua al molino, pues hay quienes aseguran que se ha sumado a la inmoral campaña reeleccionista del procurador Ordóñez, el mismo que providencialmente salvó a César Tulio de una segura sanción, porque siendo concejal de Cali, en compañía de Juan Carlos Abadía y otros concejales, mal eligió a un contralor de la ciudad.

Ubéimar fue el punto donde coincidieron la corruptela y la politiquería con los intereses mezquinos de la arrogante dirigencia regional, todos desprestigiados e insensibles ante las voces ciudadanas que reclaman cambios verdaderos.

Ahora los vallecaucanos tendremos un gobernador que no ha brillado en nada, salvo en hacer mandados, o en tejer componendas politiqueras, quien gobernará con menos del 10% de los votos hábiles de sus coterráneos. A quienes manejan los hilos del poder eso poco les importa, porque el “lloredismo” sabrá manipular los medios y a ciertos periodistas lugareños bien conocidos por su actitud lambona, para que alaben la pesada imagen de Delgado y le tapen todo. Así lo han hecho con Rodrigo Guerrero, el actual alcalde de Cali, investigado en la Contraloría local, pero por un contralor complaciente que más parece su aliado que un jefe de organismo de control. Aun así, como la gente no es boba, no se ha tragado el anzuelo de esas campañas mediáticas, y así le está yendo de mal a Guerrero en las encuestas.

Esa casta de momios caleños que todo lo decide, también fue cómplice con el espurio gobernador Francisco José Lourido. No se inmutaron cuando una empresa de su familia —Salento S. A.— fue condenada judicialmente por violar la moralidad administrativa a pagarle a Emcali la bicoca de 16 mil millones de pesos, que sigue adeudando a las arcas municipales. Menos les importó que el Consejo de Estado hubiese anulado la designación de Lourido, y tampoco les importa que esté siendo investigado por varias irregularidades y daños patrimoniales al erario, como el que causó con ocasión de la firma de un contrato leonino relacionado con el tradicional hotel Estación de Buenaventura.

La única ventaja de Ubéimar Delgado fue la de haber competido con Francined Cano, un sujeto igual o peor que él, trashumante de la política, aliado de Juan Carlos Martínez y antes protegido con fiereza por la leona del Valle, la cuestionada Dilian Francisca Toro. Ojalá pronto sepamos de qué tamaño es la participación de Cano en el intento de fraude de las elecciones que se ha conocido, como también si fue del mismo modo que ganaron las elecciones Useche, Abadía y el propio Angelino.

Todo indica, pues, que en el reinado de Delgado, el Valle del Cauca seguirá viviendo sus horas más oscuras. Los políticos de siempre estarán radiantes, habrá comilona y francachela. Y el momiato caleño estará de fiesta, porque sabe que con el nuevo gobernador todo seguirá bajo control, de manera que siga siendo posible que una señora principal de talante feudal y esclavista pose para un revista de farándula española con toda su descendencia, en la que aparezcan a sus espaldas y en actitud servil las negras que sirven a los de su estirpe desde las épocas de la encomienda.

Adenda. Gobierno, Congreso y altas cortes invirtieron dos años impulsando una inmoral reforma constitucional a la justicia. La nueva ministra, Ruth Stella Correa, de quien como consejera de Estado nunca se le oyó decir que estuviera en desacuerdo con lo que pasaba, ahora anuncia que el Gobierno considera que ya la justicia no requiere reforma constitucional. ¿Al fin a quién le creemos?

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