Por: Antonio Casale

¡Vamos!

Hay una generación de colombianos, la de los más jóvenes, que nunca ha visto a Colombia jugar en un Mundial. Hoy será su primera vez.

Ellos no disfrutaron de la magia de Valderrama y compañía, pero tampoco tuvieron que sufrir con el regionalismo envuelto en triunfalismo de la época.

Esta vez el ambiente en torno a nuestra selección ha sido ideal. Con la mayoría de jugadores actuando en el exterior, pocos se dividieron entre paisas, costeños y cachacos. Con la lesión de Falcao, la presión bajó y todos, tanto los jugadores como el entorno, hemos tenido los pies sobre la tierra. Lo que viene dependerá únicamente de los jugadores en la cancha.

Es allá donde se verá a partir de hoy el trabajo de Pékerman en los últimos veinte días. Su buena labor en la parte de motivación, que no es poca cosa, y las individualidades nos trajeron hasta acá. Pero en un Mundial es menester desplegar un buen juego colectivo. Esa es la gran consigna para hoy.

Los griegos se defenderán como lo hacían sus antepasados en las épicas guerras que nos han recreado diferentes películas de nuestros días. Son gigantes, saben cerrar los espacios, pegan duro y tienen paciencia. Además contragolpean bien y tienen en Salpingidis y Samaras sus armas más peligrosas para sorprender a Colombia.

Colombia, en cambio, tiene un arsenal de armas ofensivas difícil de controlar para cualquier rival. A pesar de la ausencia de Falcao, el equipo de todos tiene con qué poner a trasnochar a cualquier defensa rival.

Para poder hacerle daño a los inmutables defensas griegos es preciso tener paciencia, poner la pelota al piso y que las individualidades saquen su mágico repertorio. Ese es el ADN del equipo nacional, en ese aspecto no debe haber problema.

Los griegos saben dónde está el talón de Aquiles criollo, en los costados a la hora de defender. Desde aquel partido con Uruguay en Montevideo por las eliminatorias, los rivales tomaron nota de esa debilidad y le hicieron daño a la retaguardia colombiana cuando quisieron.

Por eso la clave silenciosa del partido estará en el medio campo, en la zona de destrucción y en el regreso de los laterales cuando se pierda el balón. Estará en sus pies la responsabilidad de no permitir que los dos citados torpedos griegos reciban la pelota y queden mano a mano con los centrales. Pero el óptimo cumplimiento de las tareas tácticas, es decir, las defensivas, no es más que la consecuencia de un buen trabajo colectivo y Pékerman tuvo suficientes días para sincronizarlo. Todo está dado para que esta generación que va a ver a Colombia por primera vez pueda ser testigo de una historia ganadora. ¡Vamos!

ANTONIO CASALE

 

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