Por: Iván Mejía Álvarez

¡Vamos, Wílder!

Wílder Medina tendrá que aprender a soportar que muchos adversarios le griten marihuanero y otras yerbas en los campos de juego.

Wílder tendrá que saber que tampoco podrá exaltarse en la calle cuando los hinchas rivales lo ofendan con todo tipo de epítetos refiriéndose a su pasado inmediato. Wílder debe conocer que será el primer elegido para todos los controles antidoping que se hagan en el país.

Wílder se dejó llevar por la ira ante las ofensas continuadas de Johny Ramírez, un provocador profesional en todos los sentidos, un llamadorcito de atención que sale más en la prensa por sus actos extradeportivos que por lo que juega, y terminó justicieramente expulsado. Medina debe saber que en todos los partidos y contra todos los rivales que enfrente le van a dar zapato, lo van a ofender, lo van a provocar. Él debe aprender a controlar sus emociones o Santa Fe terminará siempre con uno menos por las continuas expulsiones del delantero.

Alguien podría decir, y hasta razón tiene, que no es justo, que eso no es fair play, pero qué se le va a hacer, esa es la ley del juego, el que se calienta pierde, el que se sale de casillas es el derrotado. Algo parecido a lo que le sucedió a Teófilo Gutiérrez en el fútbol argentino durante los últimos meses. No había adversario que no intentara mortificarlo, con golpes, con insultos, y el colombiano picaba el anzuelo y todas las semanas era un nuevo escándalo.

Tampoco parece justo que cuando se haga un control antidoping de inmediato se lleve de oficio, a dedo y porque le da la gana al señor comisario, a Medina. Eso se llama persecución laboral, pero el pasado no perdona y Medina tiene que afrontarlo como consecuencia de lo que fue su vida anterior.

También, Wílder debe saber que todas las semanas saldrá un rumor nuevo sobre su conducta. Si le da una gripita es porque anda chupando de noche y mal abrigado o porque se le fue la mano en el trago y en lo “otro”; siempre le inventarán un cuento, un chisme, un rumor.

A uno le encantaría gritar que lo dejen tranquilo, que lo dejen jugar su “jugado”, que lo dejen intentar el camino hacia la felicidad, que le permitan rehabilitarse y confirmar que se trata de un señor jugador de fútbol, un goleador de clase y raza que es capaz de soportarlo todo: el acoso laboral, las provocaciones cobardes y el chisme artero.

¡Vamos, Wílder! No te rindas y no des “papaya”.

 

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