Vanguardia silenciosa

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Hace ya casi medio siglo los jóvenes universitarios escuchábamos a los oradores de cafetería predecir que en un futuro no lejano la vanguardia del proletariado nos conduciría al socialismo, estación inicial de la arcadia comunista. Con los años supimos que, en los países donde ya se había producido la revolución, la vanguardia del proletariado fue remplazada por el Partido Comunista; este, por el Comité Central, y este último, a su vez, dio paso a la dictadura del secretario general, como el camarada Stalin en la extinta URSS.

Sin embargo, muy silenciosamente y sin que nos percatáramos de ello —pues sucedió de manera discreta, callada, sin discursos ni banderas, como ocurrió antes y ocurre después en otros países—, la vanguardia de la transformación social más radical que tuvo Colombia en el siglo XX fueron las mujeres. La revolución silenciosa, lo que la historiadora económica Claudia Goldin denominó el cambio más importante en el mercado laboral de Estados Unidos el siglo pasado.

Cuatro destacadas economistas colombianas, todas ellas con Ph. D. en Economía de universidades de excelencia en Norteamérica y Reino Unido, hace unas pocas semanas publicaron el avance de una investigación sobre la situación de la mujer en nuestro país, haciendo un análisis de más de 100 años (“The Path to Gender Equality in Colombia: Are We There Yet?”, Borradores de Economía, n.° 1131, 2020. Por Ana María Iregui, Ligia Alba Melo, María Teresa Ramírez y Ana María Tribín).

El trabajo muestra que las condiciones de las mujeres colombianas a comienzos del siglo XX eran bastante deplorables. Sus obligaciones les daban poco tiempo para educarse, pues asumían desde temprana edad labores domésticas en sus hogares, se casaban muy jóvenes y tenían muchos hijos. Muchas morían en las labores de parto.

La brecha educativa entre hombres y mujeres era enorme a comienzos del siglo XX. En primaria esa brecha se cerró en la década de 1960 y en secundaria, en la década de 1970. Pero esa igualdad tardó en llegar en el acceso al ámbito universitario. Entre 1935 y 1950 el 97 % de los estudiantes universitarios colombianos eran hombres.

La brecha de género en el acceso a la educación está hoy casi cerrada. De hecho, en las universidades colombianas hay más mujeres que hombres.

Aunque los avances en la situación relativa de las mujeres en nuestra sociedad han sido importantes, sobreviven grandes desigualdades y muchos problemas. Destaco, por ejemplo, que las mujeres ganan en promedio entre 21 y 23 % menos que los hombres igualmente calificados. Además, están los temas de violencia y maltrato, la doble jornada laboral (en la empresa y al llegar a casa) y la falta de acceso a las posiciones más altas en las jerarquías administrativas. Por esta razón es necesario seguir avanzando en lograr la igualdad de géneros. Sería un símbolo y un gran logro que elijamos una presidenta de la República. No tengo dudas de que en los banquillos de clase de las escuelas de Colombia, o más bien en las sesiones virtuales de clases, se están formando las jóvenes que se convertirán en la vanguardia silenciosa de ese nuevo país que anhelamos.

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