Por: Alberto Carrasquilla

Vano Desastre?

Los desastres naturales ocurridos, con pocas semanas de diferencia, en Haiti...

Los desastres naturales ocurridos, con pocas semanas de diferencia, en Haiti (Enero 12, 2010) y Chile (Febrero 27, 2010) tuvieron efectos radicalmente diferentes, tanto en términos de impacto, como en términos de la dinámica económica posterior. El número de muertes, por ejemplo, sobrepasa los 300 mil en el primer caso y no llega a 600 en el segundo. La dinámica económica posterior a la tragedia, de otra parte, también difiere notablemente; la economía de Haití decreció 8.5% en 2010, mientras que la Chilena creció 5%.


A la luz de estas cifras, cabría pensar que uno de los factores importantes a la hora de explicar tanto el impacto inicial, como los efectos económicos y sociales de un desastre natural, es el grado de desarrollo institucional del país afectado. El país avanzado, pensaría uno, sufre menos que el país atrasado. Un interesante trabajo reciente examina el asunto rigurosamente, utilizando la estupenda base de datos EM-DAT, preparada por el Centro de Investigaciones Sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED). Los resultados corroboran ampliamente la intución. En los países avanzados (OCDE) el efecto económico de un desastre grande es despreciable, mientras que en los países subdesarrollados el efecto negativo es elevadísimo, alcanzando un 11% del PIB en promedio.


Los costos económicos y sociales de un determinado desastre para un país cualquiera son, entonces, una función inversa del PIB per cápita, de la calidad de sus instituciones, y de la tasa de alfabetización que exhiba. Mucho menos intuitivo, los costos también bajan a medida que la disponibilidad de crédito es más amplia, conclusión que no es espuria, pues se establece una vez la estimación tiene en cuenta el potencial efecto del desarrollo general del país sobre el desarrollo específico de su sistema financiero.


Los estudios sobre el potencial impacto que tienen los desastres a largo plazo son todavía muy tentativos, sin duda por lo difícil que es construir modelos capaces de replicar con seriedad lo que habría sido la dinámica económica si el país no hubiera enfrentado el desastre. En un interesante trabajo reciente, Cavallo et al construyen un escenario contrafactual con base en la idea sencilla de que el desastre natural es un evento exógeno y que asi como –en un momento dado-- hay países afectados, también hay países que no son afectados. Comparando la trayectoria económica observada en el país afectado, con la trayectoria contrafactual construida sintéticamente usando la información de países que no son afectados, los autores concluyen que, en general, los desastres carecen de efectos de largo plazo. Una excepción notable ocurre en el contexto de desastres grandes que son seguidos por inestabilidad política, como fue el caso en Iran y en Nicaragua en los años setenta del siglo pasado. En dichos casos, 10 años después de la tragedia el PIB per cápita es 10% inferior a lo que era en el momento del desastre natural, mientras que en el escenario contrafactual el PIB per cápita es superior al inicial en 18%.


Todo lo anterior para justificar tres tesis colombianas. Primero, nuestra debilidad institucional –por ejemplo, en materia de asentamientos, manejo ambiental y normas técnicas en la provisión de infraestructura-- implicó unos costos humanos y materiales excesivamente altos, de cara al fenómeno de la  niña. Segundo, la ausencia de un  mercado financiero profundo, incluyendo el  de aseguramiento, castigará excesivamente al contribuyente en el proceso de reconstrucción. Tercero, la idea de escindir por completo el manejo del proceso de reconstrucción respecto de las débiles instituciones estatales que normalmente se encargan de proveer infraestructura, es un factor clave para que, dentro de 10 años, podamos decir que algo bueno salió de tanto sufrimiento.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alberto Carrasquilla

El equilibrio Lee

Reformas

Infladitos

Bienvenida Comisión

Combo