Por: Paul Krugman

Varados en los suburbios

HE VISTO EL FUTURO, Y FUNCIONA. Está bien, sé que actualmente se supone que se debe ver el futuro en China o India, no en el corazón de “la vieja Europa”.

Sin embargo, vivimos en un mundo en el que los precios del petróleo siguen estableciendo marcas; en el que la idea de que la producción mundial de petróleo pronto llegará a un punto máximo, pasa con rapidez de ser una creencia marginal a ser una presunción institucional. Y los europeos, que han logrado un alto nivel de vida a pesar de los precios muy elevados de los energéticos —la gasolina en Alemania cuesta más de dos dólares el litro—-, tienen mucho que enseñarnos sobre cómo lidiar con ese mundo.

Si el ejemplo europeo sirve de alguna guía, aquí expongo dos secretos de cómo afrontar la carestía del petróleo: tener coches eficientes en el consumo de gasolina y no conducirlos demasiado.

Nótese que dije que los coches deben ser eficientes en el consumo de gasolina, y no que la gente debería prescindir de ellos por completo. En Alemania, como en Estados Unidos, la gran mayoría de las familias tienen coches (aunque en Alemania es menos probable que en los hogares muchas personas sean dueñas de uno, a diferencia de sus contrapartes estadounidenses).

Sin embargo, el coche alemán promedio usa menos gasolina por kilómetro que el estadounidense promedio. Por lo general, los alemanes no conducen cochecitos de juguete, pero sí vehículos de pasajeros de tamaño modesto, en lugar de camionetas o pick ups todo terreno.

En el futuro cercano, espero que veamos que los estadounidenses recorren el mismo camino. Ya lo hicimos una vez: en el transcurso de los setenta y ochenta, el kilometraje promedio de los vehículos de pasajeros estadounidenses aumentó en cerca de 50%, ya que se cambió a coches más pequeños y más ligeros.

Esta mejoría se detuvo con el surgimiento de las camionetas todo terreno durante los noventa, cuando la gasolina fue más barata. Sin embargo, ahora que cuesta más que nunca antes, incluso después de hacer los ajustes por la inflación, podemos esperar ver un aumento en el kilometraje otra vez.

Sin duda alguna que los próximos años serán difíciles para las familias que compraron vehículos grandes cuando la gasolina era barata, y ahora se encuentran con que son propietarios de un vehículo con poco valor comercial. Sin embargo, aumentar la eficiencia en el consumo de gasolina es algo que podemos y tendremos que hacer.

¿Podremos también conducir menos? Sí, pero llegar a ello será mucho más difícil.

Se han publicado muchos artículos en las últimas semanas sobre estadounidenses que están cambiando sus hábitos en respuesta a la gasolina onerosa, están tratando de hacer sus compras en su localidad, están cancelando vacaciones que implican conducir mucho, están cambiando al transporte público.

Sin embargo, nada de esto representa demasiado. Por ejemplo, algunos sistemas de transporte público importantes están emocionados por incrementos en la cantidad de usuarios de cinco o 10%. Sin embargo, menos de cinco% de los estadounidenses utiliza el transporte público para ir a trabajar, así es que este aumento de usuarios sólo saca un puñado relativo de conductores de las vialidades.

Cualquier reducción seria de coches estadounidenses requerirá más que esto: significará cambiar cómo y dónde viven muchas personas.

Para visualizar de lo que estoy hablando, hay que considerar dónde me encuentro en este momento: en un barrio agradable, de clase media, con fácil acceso al transporte público y muchas tiendas locales.

Es el tipo de vecindario en el que la gente no tiene que sacar el coche demasiado, pero también es del tipo que existe poco en Estados Unidos, incluso en las grandes áreas metropolitanas. El área metropolitana de Atlanta tiene aproximadamente la misma población que la de Berlín, pero esta ciudad cuenta con trenes, camiones y bicicletas, mientras que Atlanta es una ciudad de coches, coches y coches.

Y, de cara a los precios del petróleo en aumento, que han dejado muchos estadounidenses varados en los suburbios —en última instancia, dependientes de sus coches, pero con muchas dificultades para pagar la gasolina—-, empieza a parecer que Berlín tuvo la mejor idea.

Cambiar la geografía de las áreas metropolitanas estadounidenses será difícil. Para empezar, las casas duran muchísimo más que los coches. Mucho después de que las camionetas todo-terreno actuales se hayan convertido en artículos para coleccionistas de antigüedades, millones de personas aún estarán viviendo en subdivisiones construidas cuando la gasolina costaba 40 centavos de dólar el litro o menos.

La infraestructura es otro problema. Es difícil justificar sistemas de transporte a menos que haya suficiente densidad poblacional, no obstante, es difícil persuadir a la gente para que viva en barrios más densamente poblados, a menos que tengan la ventaja del acceso al transporte.

Y, también están, como siempre en Estados Unidos, los temas de la raza y la clase. A pesar del aburguesamiento que se ha dado en algunas zonas céntricas, y el desplome en los índices nacionales de criminalidad a niveles nunca vistos en décadas, será difícil remover la asociación que de tiempo atrás hacen los estadounidenses entre vivir en áreas densamente pobladas y la pobreza y el peligro personal.

No obstante, si nos encaminamos a una era prolongada de petróleo escaso y caro, los estadounidenses enfrentarán incentivos fuertes para empezar a vivir como europeos, quizá no hoy, y quizá no mañana, pero pronto, y para el resto de nuestras vidas.

* c. 2008 - The New York Times News Service.

 

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