Por: María Elvira Bonilla

Vargas lleras, el PIN y el Valle

EL VALLE DEL CAUCA NO HA LOGRAdo la tranquilidad institucional que requiere para avanzar.

El destituido gobernador Juan Carlos Abadía y sus seguidores del Partido del PIN, liderado desde la cárcel de La Picota por el senador Juan Carlos Martínez, quienes aún controlan la casi totalidad de los institutos del orden departamental y nacional, se empecina en no dejar el poder. Un poder marcado por una huella de inequidad, corrupción, despilfarro, desadministración -"las finanzas las manejaban como tienda de barrio", dice la Contaduría General de la Nación- y abusos en la utilización de los dineros públicos a expensas de los de la salud y la educación. Cuantiosas sumas derrochadas en la financiación faraónica de campañas publicitarias para inflar y adornar la imagen de Abadía, produciendo con ello el espejismo de una popularidad que nada tiene que ver con los índices de atraso que con estándares internacionales, registran los indicadores sociales de la región.

El aferramiento a ese poder y la necesidad del PIN de perpetuarse en él con el único fin de enriquecerse con prebendas y lograr clientelizar hasta los tuétanos la administración pública del Valle del Cauca han motivado las demandas que buscan deslegitimar el nombramiento del dirigente gremial Francisco Lourido el pasado 5 de agosto como gobernador encargado. La supuesta inhabilidad que argumentan no es más que una leguleyada formal, por lo demás bastante discutible, que busca impedir que se consolide y solidifique un mandato que desde ya ha dado unas señales positivas de cambio y que toca intereses económicos de gruesa monta como los de las billonarias vigencias futuras tramitadas por Abadía.

Resulta inexplicable el comportamiento del ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, en este asunto. Sin esperar el concepto de las entidades competentes, se ha precipitado a tomar partido y suscribir públicamente la tesis de la inhabilidad que echaría al traste el nombramiento de Lourido y le abriría el camino a las pretensiones del PIN. Se dice en la región que el comportamiento del hoy Ministro del Interior podría tener origen en compromisos pendientes con el grupo de Abadía, producto de la campaña presidencial del pasado mayo, cuando aparentemente el PIN dio un significativo apoyo electoral a la candidatura de Vargas Lleras, al menos en el Valle. Pruebas documentales no se conocen, que por lo demás serían de difícil acopio, pero sí muchos testimonios que, sumados a los resultados, reflejan, como diría la investigadora Claudia López, un comportamiento electoral atípico.

Lo cierto es que el rumor es ya vox populi y el desconcierto por la posición del Ministro del Interior, que desdice de sus planteamientos doctrinarios, es mayúsculo entre importantes sectores sociales y de opinión de Cali y el departamento. No se sabe si Germán Vargas Lleras tenga conciencia, más allá de los cálculos políticos, de lo que podría significar el regreso al poder del grupo del gobernador destituido y el senador detenido, y lo que ello le acarrearía al futuro del Valle del Cauca ya de por sí ensombrecido. Pero como suele suceder en la vida, también en la política, el pasado no perdona. Y las cuentas de cobro pesan.

 

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