Vargas Lleras, ¿un político mal enterrado?

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“Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”, estas palabras supuestamente expresadas en un pasaje de la obra de teatro “Don Juan Tenorio” del español Juan Zorrilla, siempre son recordadas en tiempos preelectorales al hablar de políticos que la gente descarta por haber sufrido alguna (as) derrotas en el duro y envilecido campo de las elecciones. En países como Perú, al trágicamente fallecido Alan García, sus propios compañeros del “aprismo” lo enviaron a los “cuarteles de invierno” después de una penosa presidencia entre 1985-1990. Dieciséis años después regresó al poder. En Colombia varios líderes con fuerza intelectual y política apostaron a las urnas luego de ser vencidos: Belisario Betancur, Álvaro Gómez y Horacio Serpa.

En la adelantada campaña presidencial de 2022 figuran muchos nombres. En algunas naciones ganan los mejores, en otras los necesarios, pero a veces se requiere a los más preparados. Afortunadamente siempre hemos contado con buenos aspirantes a la Casa de Nariño. Entre los giros de nuestra criolla actividad política, en la próxima cita a las urnas no va a haber un partido hegemónico que gane en toda la línea. La palabra mágica es: coaliciones. Cada una de estas debe tener, como en el juego de cartas, una apuesta de base. Los barones electorales de cada una son: el Centro Democrático, Colombia Humana y lo que represente Sergio Fajardo. A partir de allí comenzará la dura refriega por lograr pasar a la segunda vuelta. De una vez hay que decirlo, como van las cosas entre esos “puchos”, ninguno gana en la primera ronda.

Hay varios catalizadores que pueden potenciar esas bases primarias. Uno de ellos, que hoy pocos visualizan, es el exvicepresidente Germán Vargas Lleras. Este bogotano con fama de gruñón y “mandón”, en cualquier cargo donde ha resultado elegido o nombrado, lo ha ejercido con lujo de detalles. Siempre, de pronto por tradición, fija sus metas muy altas en materia de resultados y de compromisos. En la última jornada electoral por la presidencia sorprendió por lo menguado de sus guarismos. Algunos observadores denunciaron traslapo de votos. Cualquiera fuera la razón, Vargas Lleras asumió su derrota y se refugió entre sus partidarios a propagar sus opiniones en una columna semanal desde donde lanza misiles oportunos y cargados de ideas incontenibles.

Ha golpeado a contratistas retrecheros. Critica ministros. Le da “coscorrones de tinta” al pésimo manejo de la seguridad en Bogotá. Así como también aprovechó ese espacio para provocar uno de los hechos más importantes en materia de encontrar la verdad del conflicto luego del reconocimiento por parte de las FARC de ser los responsables del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Perdonó a este grupo de los dos atentados de los cuales fue víctima y fue más allá al reconocer que nada tuvo que ver el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, como lo sugirió en su momento su círculo más íntimo. ¿El exvicepresidente de Santos pide pista en la coalición de la derecha?

El pensamiento de Vargas Lleras alguna vez abrevó en las aguas del uribismo. Recordemos que fue el primero en escindir el liberalismo que hasta ese día apoyaba la aspiración de Serpa quien enfrentaba a Uribe en 2002. A la postre este desmarque rompió la unidad liberal y permitió la desbandada hacia la candidatura que obtuvo el triunfo, ese sí en la primera votación. Luego entre estos dos poderosos de una posible alianza existen antecedentes y nuevos perdones, solo quedaría un acto de contrición por sus incontrolables rabietas para que Vargas Lleras pudiera jugar su “último cartucho” en esta desmemoriada Colombia. Además, su partido Cambio Radical a pesar de declararse independiente, ha ayudado en varias iniciativas fundamentales para el actual gobierno.

De pronto la otra frase que retumba en la cabeza de los acuciosos seguidores de la actividad nacional puede ser la más acertada: “no hay políticos muertos, sino mal enterrados”.

@pedroviverost

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