Por: Yohir Akerman

Vargasllerizando a Uribe

Esta semana, en cuestión de minutos, el vicepresidente Germán Vargas Llegas pasó de estar al borde de una muerte política, a ser el próximo candidato a la Presidencia de la República. Y todo gracias a un inesperado empujoncito del senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez.

 Me explico.

Uribe, en una sorpresiva jugada política que genera muchas preguntas sobre sus reales causas, impidió que al vicepresidente se le aplicara un veto de cuatro años para postularse como candidato en las elecciones presidenciales del 2018. Esa hubiera sido la fantasía política de cualquier candidato presidencial opositor.
Alfredo Rangel, congresista del Centro Democrático, quien estaba sentado al lado de Uribe cuando este planteaba sus argumentos, no pudo esconder su cara de desconcierto y estupefacción mientras su líder lo contradecía en los micrófonos, al igual que a los otros leales escuderos de su bancada como Paloma Valencia, José Obdulio Gaviria y Jaime Amín.

Todos ellos habían firmado la proposición de Alexánder López y Armando Benedetti que pretendía inhabilitar a Vargas Lleras para ser candidato presidencial en las próximas elecciones. (Ver tuit de Paloma Valencia sobre el tema)

El expresidente inesperadamente llegó a la Comisión primera y en lugar de aprovechar la oportunidad para realizar nuevos ataques contra el vicepresidente, pidió a sus Senadores retractarse y no votar ninguna inhabilidad que llegara a ser una barrera a las aspiraciones de Vargas Lleras.

Cambio radical, el de Uribe.

Sobretodo porque en el pasado el expresidente había acusado a Vargas Lleras de tener nexos con narcotraficantes como Yesid Nieto y de estar relacionado con personajes tan polémicos como Víctor Carranza y Pedro Orejas. (vea el tuit de Uribe y este video )

Ahora salió a defender sus aspiraciones y a protegerlo. Y con eso Uribe muestra un talante mucho más pragmático que de principios. Un líder que defiende el lema que el fin justifica los medios.

Y sus medios, en este momento, incluyen contradecir, sin sonrojarse, sus propias posturas anteriores, al decir que la Constitución no se puede tocar para dirimir pleitos políticos, ya que eso fue exactamente lo que él hizo en la reforma que se promovió en 2004, cuando el Congreso modificó la Carta para aprobar la figura de la reelección inmediata que lo favorecía, exclusivamente, a él.

El fin, aún está incierto.

Lo que es claro es que el vicepresidente Vargas Lleras salió como el máximo triunfador del quinto debate de la reforma al equilibrio de poderes, y esto no hubiera podido pasar sin la patraseada de la bancada de Uribe.

Y aunque algunos establecieron que hay que tratar de “desvargasllerizar” esta reforma, si el análisis se realiza a la luz de los vencedores, el del vicepresidente, es el nombre ganador.

Con un ingrediente extra, y es que sus actuaciones dentro de este cargo, las cuales son numerosas ya que como ningún otro vicepresidente en el pasado, Vargas Lleras tiene el manejo de las políticas de infraestructura y vivienda, ahora tendrán el privilegio de no ser perseguidas penalmente por razones de conveniencia política.

Así, si sus aspiraciones de ser presidente alcanzaron a estar en peligro, después de la jugada del expresidente Uribe, no sólo se reafirmó la posibilidad de ser candidato, sino que ahora el Senado le concedió el mismo fuero que tiene el Presidente de la República, y una especie de “salvoconducto” para hacer campaña dentro del ejercicio de la administración.

Y todo esto posible gracias al regalo del expresidente Uribe, que no debe ser gratis, ni casual, ni por error. Sino consecuencia de una detallada negociación y/o un excelente calculo político.

 

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