Por: Juan Felipe Carrillo Gáfaro

Vasos de agua

Por: Juan Felipe Carrillo Gáfaro*

“Si usted se toma 500 vasos de agua al día, le aseguro que también se enferma”. Con esta absurda frase decidió justificar rápidamente la vicepresidenta de Colombia el uso del glifosato.

Ni siquiera el grupo Bayer, que le toca defender ese producto adquirido hace poco tiempo, tiene la osadía de presentar frases tan ligeras para negar que el glifosato es nefasto para el medio ambiente y para la salud. Solo basta con mirar su página web para darse cuenta: “40 años de uso seguro, más de 800 estudios que demuestran su seguridad, más de 160 países donde se utiliza el glifosato”. Como si citar esas cifras fuera suficiente para transmitir confianza: ¿Cuántas empresas no pagan hoy en día estudios “científicos” para apoyar los productos que venden? ¿Qué significa la palabra “seguridad” en este contexto? ¿En serio creen los de Bayer, como se menciona en el mismo enlace, que se trata de un producto “prácticamente no tóxico”?

La frase de Ramírez y lo que parece haber detrás no tiene buena pinta. Se parece por ejemplo a la de Joseph Cullman, presidente de Philipp Morris en los años 70, cuando intentaba demostrar sin argumentos que fumar no era nocivo para las mujeres en estado de embarazo; o a la de los representantes de la Pacific Gas and Electric Company (PG & E) en los años 90, y que dio origen a la película Erin Brockovich, cuando insistían que el agua no había sido contaminada con cromo. Eran épocas donde parecía más fácil engañar a las personas porque la información iba a otro ritmo. Ahora es diferente y basta con hacer un solo clic en la palabra “glifosato” para darse cuenta de qué se trata.

Visto desde esta perspectiva, la frase de los vasos de agua pareciera ser el símbolo de una discursiva oculta que se percibe desde hace un tiempo en algunas de las personas que forman parte del actual gobierno. Da la impresión que pasan parte de su tiempo defendiendo causas ocultas contrarias, por lo general, a cualquier deseo real de buscar la paz.

Desde el discurso del senador Macías el día de la posesión, hasta este reciente impasse, pasando por el caso de Dimar Torres, subyace en los mensajes del gobierno una patológica falta de claridad: en lugar de querer entender el fondo de temas como el glifosato o la misma JEP, o al menos intentar buscar argumentos de verdad para justificar sus pronunciamientos, se van diciendo cosas sin pensar en el bienestar de la sociedad colombiana: de esas personas comunes y corrientes que hacen lo posible por tener un mejor país.

El pronunciamiento de Ramírez es irresponsable y provocador, no solo por su debilidad argumentativa, sino también por el tufillo desafiante que esconden sus palabras.

La atención al medio ambiente por parte de la política pública no ha dejado de ser en Colombia un saludo a la bandera y se ha visto afectada por la creciente corrupción y los intereses subrepticios. Cualquier intento por mejorar el tema ambiental ha sido reducido en muchas ocasiones a medidas precarias y alejadas de la realidad. No hemos tenido la oportunidad de vivir una verdadera campaña educativa que nos invite a cambiar de manera definitiva nuestra percepción al respecto.

Hablar de cambios en relación con el medio ambiente debe trascender la simple y fallida idea de “crear conciencia”. Debe centrarse más en identificar y promover aquellas estrategias puntuales que estamos necesitando para aprender a cuidar lo que va quedando de la naturaleza que nos rodea. Debe formar parte de una estrategia educativa de paz cuyo objetivo primordial sea la defensa de la vida. Habrá que preguntarle a la vicepresidenta si cree que un producto como el glifosato va en ese sentido. Si para el gobierno esto significa defender la vida, se confirmaría que estamos por desgracia en malas manos. Se confirmaría que los mensajes del gobierno actual son tan turbios como tomar un vaso de agua con glifosato.

* Consultor e investigador en educación

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2019-05-09T18:28:20-05:00

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