Por: Adolfo Meisel Roca

Veinte de Julio a ritmo de lambada

A RITMO DE LAMBADA, Y MARCHAS militares interpretadas con ritmo caribe, este pasado 20 de Julio desfilaron cientos de sanandresanos de todas las edades.

 

Fueron más de cinco horas en un recorrido que partió a las 10 de la mañana del Parque Simón Bolívar, avanzó por la Avenida 20 de Julio hasta su encuentro con la Avenida de Las Américas, donde cruzó la inmensa ola de militares, estudiantes de todos los colegios y hasta de guarderías de la isla. Adelante iba un pequeño grupo de las autoridades, encabezadas por el gobernador, el comandante de la Armada, el obispo y la reina de San Andrés.

Todo el que no estaba marchando parecía haberse ubicado en los andenes de las avenidas para disfrutar el desfile, sentados en sillas plásticas o de pie en ambos lados de la vía. Luego, el desfile se desvió para dirigirse al monumento a la barracuda y de allí hasta la Gobernación, donde terminó el recorrido, pero no la celebración.

Una cosa es hablar sobre esto y otra vivirlo. El sol brilló con toda su intensidad y, salvo un breve chaparrón éste no dio tregua a quienes marcharon con vistosos y elegantes uniformes. Los que desfilaron habían llegado a las inmediaciones del Parque de Bolívar desde las 8 de la mañana. Ya cuando iban por la barracuda algunos de los más pequeños mostraban síntomas de cansancio y agotamiento y en ocasiones hasta lloraban. Pero a pesar de esto, la mayoría parecían contentos por la música y bailaban sin cesar.

En ningún lugar de Colombia se celebra en la actualidad el 20 de Julio con más entusiasmo que en San Andrés: qué paradoja. Se trata de un territorio que por su ubicación, historia y origen de su población raizal ha estado bastante lejos de lo que en las visiones más simplistas representa la nacionalidad colombiana. Pero nada más equivocado que esa construcción homogeneizante de la colombianidad que se han impulsado desde el centro del país en los últimos 200 años. Hay colombianos cuya lengua nativa es una variante caribeña del inglés, son afrodescendientes y protestantes. Muchos de ellos desfilaron por las calles engalanadas con la bandera tricolor este pasado 20 de Julio en San Andrés. La mayoría se identifican con la patria colombiana. Pero no se puede desconocer que hay otros raizales, quizá más influyentes que numerosos, que se han comprometido desde hace algunos años con un proyecto separatista. No por tener pocas posibilidades de triunfo se debe dejar de oír a este grupo. El malestar que expresan responde a muchos de los errores que se han cometido en las relaciones entre el continente y la isla. Por encima de todo, fue muy dañino el establecimiento del modelo del puerto libre en la década de 1950, que llevó a un crecimiento poblacional descontrolado, como resultado de la inmigración de trabajadores para participar en el auge de la construcción en las décadas de 1960 y 1970. Más recientemente, la Constitución de 1991 permitió un régimen especial para estas islas que genera distorsiones perversas en el mercado laboral. Por todo esto, es hora de definir nuevas políticas económicas, culturales y territoriales que sean más sensatas en relación con las islas de San Andrés y Providencia.

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