“Venezolanización”, pero por derecha

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Veo la "venezolanización" de Colombia más inminente que nunca, pero no la veo por el lado que la está viendo la mayoría. Aclaro y reitero, eso sí, que en muchas cosas Colombia está “venezolanizada” hace décadas, inclusive antes de que la propia Venezuela se “venezolanizara” por acción y omisión de esa aventura atolondrada y monstruosa llamada Hugo Chávez y el analfabeta que lo sucedió.

Aquí, sin dictadorcitos ni experimentos fallidos, millones de colombianos están desabastecidos de alimentos y drogas porque no tienen capacidad adquisitiva. Aquí, decenas de municipios, corregimientos, inspecciones, tienen racionamientos de luz, por horas y hasta por días enteros. Aquí, para conseguir una cita médica se deben hacer colas de horas y días enteros también. Aquí hay un canal de televisión que desde hace rato no tiene ninguna diferencia con Telesur, exceptuando que este último es un órgano estatal de propaganda del chavismo, y RCN es un órgano privado de propaganda del uribismo.

Astutamente, la ultraderecha colombiana ha conseguido vender, en la lógica efectista de los mensajes concisos, reduccionistas, de los que apelan al miedo, la idea de que volverse Venezuela es básicamente un problema de que no haya pollo en los supermercados, ni medicamentos en las farmacias; una condena de cortes de luz, filas interminables y algo de expropiaciones a los ricos.

Y aunque todo eso es cierto, se queda muy corto y no apunta a lo verdaderamente de fondo: allá el chavismo acomodó a su antojo todas las ramas del poder; puso magistrados de papel en las altas cortes, en el poder electoral, en los órganos de control; fustigó a la prensa de modo individual y colectivo, canceló licencias, estranguló periódicos. Persiguió a los opositores, los encarceló y en los últimos años comenzó a ejecutarlos sin proceso ni juicio. El chavismo restringió libertades y violó derechos fundamentales. Y todo eso, dicho en pasado, sigue conjugándose en tiempo presente.

En la Colombia de este 2018, la paradoja casi estrafalaria es que con las declaraciones y tuits de Álvaro Uribe, hoy candidato presidencial por interpuesta persona, estoy viendo más riesgo de una “venezolanización” vía ultraderecha que por la de la izquierda, con la que nos han asustado tanto.

La semana pasada, soltó sin rodeos que si su grupo llega al poder, va a haber varias licencias de televisión que se van a cancelar, entre ellas la de Noticias Uno, uno de los medios más críticos contra él en los últimos 15 años. El expresidente lo dijo con nombre propio: “Coronell (accionista de ese noticiero) tiene pánico porque en un gobierno de Iván Duque se manejarán con transparencia las licitaciones de televisión”.

Y hace tres días, de nuevo Uribe, a través de su aspirante, volvió a ventilar una de sus ilusiones más viejas: revocar las cortes, para dejar una sola supercorte. Sin que quede clara la composición de ese nuevo órgano ni el origen de esos magistrados, es imposible no pensar en una evidente revancha de Uribe contra el único poder que no se le arrodilló, que le cerró la opción a su tercera Presidencia (Corte Constitucional) y consideró que su segundo periodo había nacido de un hecho delictivo y que por tanto su gobierno no fue legítimo (Corte Suprema). Esto, sin contar que en la actualidad este alto tribunal lo investiga por presunta manipulación de testigos.

Cómo desdeñar, además, con el Centro Democrático en el Gobierno, y con un Alejandro Ordóñez reencauchado, que no van a intentar sacar adelante una de las promesas del exprocurador cuando era precandidato: un referendo para reversar derechos ciudadanos ya adquiridos, como el matrimonio igualitario y la adopción por cuenta de parejas del mismo sexo.

La “venezolanización” de Colombia a manos de Petro es un cuento chimbo por múltiples razones, pero sobre todo porque un poder ejecutivo presidido por él estaría maniatado por un Congreso en el que tiene menos de un cuatro por ciento, y por un empresariado en el que no cuenta con un solo amigo. En su caso, eso de convocar asambleas constituyentes, no pasa de ser un sueño iluso y populista.

La “venezolanización” a manos de Duque es una opción escalofriantemente real por todo lo opuesto. Con 19 senadores propios, más 15 de los godos, más un puñado de los 14 de la U (o todos), más otro puñado de los 16 de Cambio Radical (o todos), puede sumar hasta dos tercios del Congreso. ¿Adivinen quién va a ser el presidente del poder legislativo en su primer periodo?

Desde allí, entonces, un Uribe envenenado por ocho años de nostalgia de poder, por 17 de sus buenos muchachos presos por corruptos, por la convicción de que su pupilo Santos es peor que Judas, por la afrenta de su hermano encarcelado e investigado (aunque ya libre por vencimiento de términos), ese Uribe fiero, mesiánico y sin escrúpulos va a acercarnos al remedo de país que hoy es Venezuela.

Pero, no hay de qué preocuparse, que aquí sí va a haber pollo y medicinas para los que podamos comprarlos, y tranquilidad, mucha tranquilidad para ir a las fincas.

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