Por: Santiago Montenegro

Venezuela: asesinato e informe

Seguramente no iba a ser tan fuerte el informe sobre Venezuela de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. Pero, estando ella en Venezuela, el 21 de junio se conoció la detención de Rafael Acosta Arévalo, capitán de corbeta de la Armada, quien luego apareció agonizante ante una corte militar de Caracas, para morir horas después en un hospital del Fuerte Tiuna, el 29 de junio. De 50 años, padre de dos niños, el capitán Acosta Arévalo fue visto por su abogado en la audiencia en silla de ruedas, con las uñas ensangrentadas, golpeado, balbuceante, con dificultad para respirar. Después se conocieron el informe forense y el acta de la policía científica, los cuales señalan que la muerte se debió a un trauma cerebral severo y constatan, además, que tenía 38 lesiones externas, como hematomas, escoriaciones en su piel, quemaduras en los pies y en una muñeca. Suministrados por funcionarios internos —otro indicio de la creciente pérdida de control de la dictadura sobre su propio aparato burocrático—, estos documentos son una prueba más de un régimen que ha perdido hasta las más mínimas apariencias de legalidad y lo único que le queda es aferrarse con las uñas al poder.

Muy seguramente, la tortura y el asesinato del capital Acosta Arévalo influyeron para que el informe de la expresidenta de Chile fuese más fuerte y contundente de lo que iba a ser. Porque no es ningún misterio que, como jefa de Estado, la señora Bachelet tuvo una actitud bastante tolerante con el régimen de Maduro. Pero, ante la imposibilidad de tapar el sol con las manos, su reporte es demoledor. Según esa oficina, entre febrero de 2018 y mayo de 2019, hubo más de 5.000 ejecuciones extrajudiciales, en medio de operativos policiales. El informe describe también torturas, detenciones arbitrarias, la desastrosa situación de la salud y la economía, la hiperinflación y el desplome del sector petrolero, que según la oficina de la señora Bachelet se derrumbó antes de las sanciones impuestas por la comunidad internacional y no a consecuencia de ellas, como afirma el dictador.

Este informe recibió un apoyo mayoritario en las Naciones Unidas, pero, además de la misma Venezuela, fue criticado por el refinado club de las dictaduras y autocracias del mundo: Cuba, Nicaragua, Rusia, China, Corea del Norte, Bielorrusia, Myanmar, Siria, Turquía, Argelia y Bolivia. Tampoco sorprende que en América Latina, partidos de izquierda, como el Partido Comunista de Chile, lo hayan condenado. Algunos dirigentes colombianos han decidido expresar un distanciamiento del régimen de Maduro, pero no son creíbles, pues seguramente son posturas estratégicas, semejantes a las que Hugo Chávez tuvo con Fidel Castro en su primera campaña presidencial, cuando afirmó que Castro era “un dictador”. Lo que sí causa curiosidad es la actitud de varios demócratas auténticos y probados, quienes en sus memorias, sin ningún rubor, se vanaglorian de comidas y paseos con dictadores como Fidel Castro. Pero, el que sí genera, no solo sorpresa sino repudio, es el expresidente de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, defensor incondicional de Chávez y Maduro, quien el pasado jueves voló a Bolivia para respaldar al autócrata Evo Morales en su aspiración de reelegirse el próximo 20 de octubre. ¿Qué les pasa a estos dirigentes? ¿Le gustaría a Zapatero un régimen de estos para España? ¿No ha leído el informe de Bachelet sobre Venezuela?

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2019-07-08T00:00:38-05:00

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2019-07-08T00:15:01-05:00

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Venezuela: asesinato e informe

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