Por: Santiago Rojas

Venezuela en calma chicha

Muy importante mantener buenas relaciones comerciales con Venezuela. Por eso, bienvenido el restablecimiento de las comunicaciones entre las autoridades de ambos países.

Venezuela es nuestro socio por excelencia; tenemos economías complementarias, es un país con alta capacidad de compra y la cercanía geográfica nos da ventaja frente a los competidores. Lo anterior explica por qué en los últimos años las exportaciones de productos colombianos a ese país crecieron de manera sostenida. En 2007, éstas superaron los  millones, siendo Venezuela el principal destino de las no tradicionales.

Si bien durante los meses de tensión política el comercio bilateral no se afectó, la amenaza latente de un cierre de la frontera tenía nervioso a más de uno. Esperemos que luego de la cumbre de Punto Fijo las relaciones bilaterales se estabilicen.

Pero cuidado. Javier Díaz, Presidente de Analdex, dijo recientemente que el mercado de Venezuela debe aprovecharse al máximo pero no se puede depender de él. Tiene toda la razón. Las actuaciones del mandatario venezolano han demostrado que en cualquier momento puede tomar decisiones que golpean fuertemente al país. Así pasó en 2003, cuando las exportaciones casi desaparecen debido a las restricciones cambiarias.

Ése y otros antecedentes, más el hecho que Brasil haya desplazado a Colombia como segundo proveedor de productos a Venezuela, nos obliga a poner los pies sobre al tierra. Algunas empresas han optado por basar su plan de negocios en mercados diferentes, y si venden algo en Venezuela, es una ganancia extra. Otras han hecho alianzas con firmas venezolanas, y ya producen en ese país, eliminando el riesgo de la frontera.

Ciertas multinacionales están pensando en atender el mercado venezolano desde sus fábricas en Brasil. Pero muchas otras empresas, especialmente pymes, tienen puestos todos sus huevos en la canasta del mercado venezolano, y si éste se cierra, simplemente desaparecerán.

Lo anterior indica que si bien es esencial la creación de instrumentos jurídicos que garanticen estabilidad en las reglas de juego en materia de comercio e inversión, ese esfuerzo debe complementarse con una agresiva política de inteligencia comercial en búsqueda de mercados alternativos para los productos nacionales. Hay que diversificar los destinos de exportación para no depender tanto de Venezuela, sobretodo cuando el estado de ánimo de Chávez es tan variable.

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