Por: Enrique Aparicio

Venezuela está enferma y hay que ayudarla

“Si tu vecino se muere de hambre seguramente tú también te puedes morir de hambre.”

Desde hace mucho tiempo he sostenido que los negociadores de gobiernos latinos, con muy buenas excepciones, no aprendieron a hacer la tarea en la casa y cuando se enfrentan con la realidad no les queda más que hacer aspavientos, rebautizar el discurso, somatizar en forma de beriberi intelectual el problema.

Sí señor, nadie duda que Venezuela está en el filo de la navaja. Un pueblo hermano, igualitico a nosotros, su gente, sus mujeres, su comida, pero interpretada y desdibujada sin norte ni razón ¿Qué objetivo tiene citar tanta cifra sobre el cáncer venezolano que los escritores y medios despliegan como algo original, pero que el pueblo conoce muy bien? ¿Convencer al colombiano que Venezuela está muy mal? Si eso lo sabe todo el mundo.

El gobierno venezolano no está haciendo nada nuevo: es algo muy conocido buscarle bronca al de al lado para sobrevivir. Gritar, sacudir lágrimas y hablar del país arrollado por los diablos del momento son el discurso taciturno y triste de quienes quieren vender la idea de que la vida está llena de enemigos si no están de acuerdo con ellos. En nuestro continente lo hemos vivido por lo menos unos 200 años con ese cuento. Y nada que aprendemos.

Venezuela como muchos de nuestros países latinoamericanos tiene que hacer la tarea en la casa para hablar con sus vecinos. El gobierno venezolano quiera o no, tiene que aprender a negociar con los gringos, colombianos, etc., no a través del insulto y la amenaza. Buscar la bronca no tiene futuro. Y salir corriendo con una mano atrás y otra adelante a buscar amigos a última hora para el cuento del petróleo, menos. Pero lo triste es que estos conflictos no los maneja el ciudadano doliente, sino burócratas del gobierno con intereses de beneficio claro y los medios. El circo de la verborrea patriotera buscando imitar revoluciones que en su momento lo fueron y hoy son modelos que no se ajustaron a las nuevas realidades, precisamente porque se quedaron en el discurso del ayer pero no del presente, dejando un sabor agridulce para un pueblo sensacional que hoy sólo entiende que algo no funcionó. Los agujeros son enormes en términos de necesidades esenciales.

Si se piensa en una alternativa a todo este tire y afloje, que incluye la barbaridad de encarcelar al alcalde de Caracas, es necesario que se busque una hoja de ruta, no para satisfacer intereses pero para tener un horizonte menos agresivo. Todo este cuento de la revolución bolivariana, si es que realmente tiene un contenido de intereses que beneficien al venezolano pobre y más necesitado, hay que hacerlo calladamente, en lugar del grito bochornoso que sólo invita a poner en la mira preguntas como ¿qué están haciendo?, ¿por qué tanta algarabía? y a mirar con lupa cualquier declaración, expresión o rebuzno. Si Venezuela se hunde, afectará enormemente a Colombia.

A todas estas, Holanda, pequeñita, imaginativa, aun con demasiados pesos pesados en sus bordes tiene buenas relaciones con todo el mundo. Activa, centavera, pero ante todo inteligente. Manejando argumentos claros. Con vecinos como la gran Alemania (en la última guerra los nazis dejaron un reguero de destrozos enormes en los Países Bajos) sin embargo aquí no se están quemando efigies de la canciller alemana. No se desgarran las vestiduras ni dicen que los explotan. Simplemente trabajan como hormigas, negocian y les venden.

El periódico El País de España del 26 febrero relata cómo fueron citadas el 12 de febrero en Caracas las empresas españolas “para mejorar la imagen del régimen bolivariano”. Hágame el favor. En el mismo artículo hablan que Maduro se puso verraco porque el jefe del Partido Popular, Mariano Rajoy (no como presidente de gobierno) concedió una entrevista a la esposa del disidente venezolano Leopoldo López. Y zas. Retiró al embajador Mario Isea. Toda la patanería insufrible latina. Luego lo reinstaló. ¿Qué tal? Y así cree que le hace un bien a Venezuela. Pero seamos objetivos, esto no sólo pasa en Venezuela, sino en muchas otras mesas de negociación.

Ojala, entre otras, el gobierno de Maduro aprenda a negociar sin hacer el ridículo que ha hecho frente al mundo buscando mendigar favores sin estructura ni conocimiento. No ayuda en nada a este gran pueblo del joropo y llano fresco, pleno de entusiasmo, emoción y buena comida, manejado por circunstancias que pueden destruir el futuro de este gran país.  

 

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