Por: Mauricio Botero Caicedo

Venezuela: legitimidad, legalidad y poder

Dado el nivel de complejidad de la política y la economía venezolanas, incluyendo el siniestro involucramiento de los hermanos Castro en los asuntos internos, entender qué va a pasar en la Venezuela poschávez guarda similitud con la respuesta de Churchill respecto a los acontecimientos en Rusia cuando estalló la Segunda Guerra Mundial: “Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”.

Chávez, quien según el anuncio oficial falleció el pasado martes, en el mejor de los casos llevaba varios meses ‘más allá que acá’ y muy probablemente estaba es ‘allá’. Haciendo abstracción de lo que llevó a las personas que lo rodean a ocultar la verdad sobre la fecha real del deceso, la realidad es que Chávez encarnaba los tres elementos que hacen posible la gobernabilidad de una nación: legitimidad, legalidad y control de los hilos del poder.

En un breve viaje la semana pasada a la República Bolivariana, un cercano amigo esquematizó algunas razones de peso por las cuales hoy en día en Venezuela los tres elementos indispensables para gobernar: legitimidad, legalidad y poder recaen cada uno en una persona diferente.

En primer término, la legitimidad es de Nicolás Maduro, el vicepresidente ungido por Chávez, antes de viajar a Cuba en diciembre pasado, como su sucesor. Maduro, antiguo chofer de los buses alimentadores del Metro de Caracas, ha dado en reiteradas ocasiones pruebas inequívocas de una lealtad canina que le ha permitido granjearse el apoyo irrestricto de la hijas del ‘comandante’ y de la numerosa familia Chávez Frías, incluyendo a los progenitores. Todo parece indicar que Maduro goza igualmente del apoyo de los hermanos Castro, el nonagenario Fidel y el octogenario Raúl, que hoy en día manejan con sinigual destreza los hilos del poder en Venezuela; y cuyo sueño de una ‘Cubazuela’ puede derrumbarse de un día para otro dejando a la isla Caribe sumida en la oscuridad. Maduro, para muchos más ‘chavista’ que el mismo Chávez, es de aquellos que repiten bobadas como el que ‘la enfermedad de Chávez fue provocada por los enemigos de la revolución bolivariana’.

La legalidad recae es sobre Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, un personaje bastante singular: multimillonario, siniestro e inteligente. En 14 años este exmilitar se ha convertido en el más preclaro ejemplo de la ‘boligarquía’ venezolana. Todo parece indicar que el ‘establishment’ político está igualmente detrás del presidente de la Asamblea. Adicionalmente Cabello maneja con singular destreza sus amistades y contactos en las Fuerzas Armadas, repartiendo la mermelada sin perjuicios y con generosidad; y tácitamente permitiendo los turbios y rentables negocios del ‘Cartel de los Soles’.

Finalmente está Rafael Ramírez, cuyo pomposo título es el de ministro del Poder Popular para la Energía y Petróleo, y presidente de Pdvsa. Al manejar la caja registradora de Pdvsa, petrolera estatal que alimenta el 85% del presupuesto del Estado, Ramírez controla los hilos del poder económico y, según los expertos, es una de las pocas personas que conocen el destino de cerca de la mitad de los ingresos petroleros que de alguna forma hacen parte de una ‘caja negra’ que Chávez manejaba a su libre albedrío.

Pero los triunviratos, como las mesas de tres patas, son por definición inestables. Y si bien Maduro en su condición de ‘ungido’ puede llegar a ganar las elecciones, no parece tener ni la sagacidad ni el calibre intelectual para convertirse en el líder. Ramírez, al no contar ni con la legitimidad ni con la legalidad, tendrá necesariamente que ceder el poder económico. Diosdado Cabello, por su inteligencia y sagacidad, es el que tiene las mayores posibilidades de convertirse en la cabeza del triunvirato y eventual sucesor de Chávez. Capriles, sin embargo, les puede arruinar los sueños a los tres.

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