Por: Santiago Montenegro

Venezuela, otra sorpresa

A MADURO LE HABLÓ CHÁVEZ A través de un pajarito y ahora dice que se apareció en el metro de Caracas. Anteriormente nos habían dicho que la falta de papel higiénico no era por la carestía general, sino porque la gente está comiendo tanto que ahora va más al inodoro y, por lo tanto, tiene que limpiarse con más frecuencia.

La noticia de la semana fue igualmente sorprendente: la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo. Aunque no se han publicado sus términos de referencia, se ha dicho que el nuevo cargo reunirá todos los programas sociales y que está inspirado en Simón Bolívar, quien fue un devoto lector de Jeremy Bentham, padre de la teoría de la felicidad —el utilitarismo— y quien argumentó que el gobierno más perfecto es el que produce la suma de la mayor felicidad —o utilidad— posible. Es curioso que un gobierno que se dice revolucionario adopte el enfoque de la economía más ortodoxa, con varios de sus más eximios exponentes, como Gary Becker de la Universidad de Chicago. Quizá no conozca las críticas que se le han hecho. Kant criticó el utilitarismo porque asume la bondad de una acción por sus consecuencias, no por los principios que lo inspiran. Karl Marx le hizo una crítica demoledora argumentando que el ser humano es producto de la historia y el utilitarismo, por el contrario, lo supone siempre igual, en sus comportamientos, gustos y apetitos, a un tendero británico. Al interior de la disciplina de la economía, Lionel Robbins le propinó un golpe muy duro al argumentar, a comienzos de los años treinta del siglo XX, que no era posible hacer comparaciones interpersonales de utilidad o de felicidad, y, veinte años después, Kenneth Arrow hizo lo mismo con su célebre teorema de la imposibilidad. Pero quizá la crítica contemporánea más importante al utilitarismo es la de Amartya Sen. Como Kant y Marx, Sen argumenta que el ser humano tiene muchos más objetivos que la maximización de la utilidad o la felicidad. Para Sen, lo más importante son las capacidades o la libertad de oportunidades de las personas para hacer cosas, para actuar, para fijarse objetivos. Es un enfoque de las libertades reales que las mayores capacidades le proveen al ser humano, lo que da poder pero le genera, también, obligaciones y responsabilidades. Por eso, no sólo critica al utilitarismo, sino también los enfoques basados en incrementar otros medios, como el ingreso y la riqueza, porque sólo un hombre con capacidades tiene la posibilidad de convertir el ingreso en una mejor vida, incluyendo la capacidad de ser más feliz, pero entre otros valores y objetivos. Unido al concepto de las capacidades, Sen critica también la noción de racionalidad entendida como la maximización del interés propio y de nada más. Sen concibe la racionalidad humana como las reglas de comportamiento para tomar decisiones que son sostenibles en el tiempo sólo si están sujetas a un escrutinio y a un examen permanente. Así, argumenta la importancia de la autocrítica, pero, también, la crítica social, el gobierno por discusión y la democracia deliberativa. Todas estas son razones mas que suficientes para utilizar un paradigma diferente al utilitarismo. Pero, si decide mantenerlo, respetuosamente debemos sugerirle al gobierno de Venezuela no preocuparse tanto en maximizar la felicidad, sino más bien en minimizar las infelicidades más manifiestas. Como la falta de papel de higiénico.

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