Por: Catalina Uribe

Venezuela ya no es una crisis

Recuerdo cuando hace años, todavía con Chávez en el poder, los estudiantes venezolanos empezaron a llegar a las universidades colombianas. Varios de ellos, forzados a migrar por razones políticas o económicas, se enfrentaban a un problema durante el proceso de admisión: no tenían constancia de su registro académico pues ciertas instituciones de educación superior venezolanas se rehusaban a expedir los certificados a quienes decidieran irse del país. Algunas de nuestras universidades, como era lo debido, decidieron creer en la buena fe de los venezolanos y admitirlos por su palabra. Mientras se discutían estos casos la frase más repetida era “la crisis de Venezuela”.

Pocos años después los medios empezaron a denunciar el éxodo de profesionales venezolanos, especialmente de médicos. Fue noticia la migración de los profesionales de la salud hacia Chile, así como las dificultades para pasar los exámenes de validación y para incorporarse en la vida laboral. A esto se sumaron reportes sobre la falta de medicinas en el vecino país, la necesidad de utilizar medicinas veterinarias en humanos o la trágica muerte de algunos pacientes por falta de asistencia médica. En todas estas noticias la frase que más resonó fue también “la crisis de Venezuela”.

Continuamos oyendo historias cada vez más alarmantes de nuestros vecinos. La falta de bienes básicos, la destrucción de casas, la expropiación arbitraria, la opresión a periodistas, el ultraje a los opositores, la desnutrición, la tortura, las elecciones amañadas, entre muchas otras atrocidades. Todas estas noticias han seguido enmarcadas en el mismo discurso de “la crisis de Venezuela”.

Llevamos años acostumbrándonos a la “crisis” de nuestros vecinos, alarmándonos de a poquito cuando los medios hacen eco de alguna nueva crueldad. Pero el discurso de “la crisis” nos engaña. Nos hace creer que todavía no se ha tocado fondo. Venezuela ya no es una “crisis”. Venezuela es la implosión de una antigua democracia. Es un país con derechos disueltos y poderes amalgamados. El lenguaje no es neutro, lo que decimos altera la forma como pensamos las cosas. La discusión debe ser cómo nombrar lo que ahora es Venezuela, siendo conscientes de las implicaciones que ello conlleva: ¿un régimen despótico? ¿Una tiranía? ¿Un Estado fallido? ¿Una dictadura? O bueno, está también la posibilidad de llamarlo “la segunda o tercera crisis”, o quizá “la crisis final”.

Buscar columnista