Por: Juan David Correa Ulloa

Ventanas

Si cada ventana de la tercera entrega de Virus tropical (comenté las dos primeras el 6 de agosto pasado) fuera puesta en solitario, uno podría entender que Power Paola, su autora, ha elaborado con mucha paciencia, humor e inteligencia cada uno de los cuadros que componen sus novelas gráficas, pues cada uno tiene una vida propios.

Paola crece en este libro: su familia, disgregada por el mundo, vuelve a reunirse en Cali, tras una triste despedida de su mundo infantil en Quito, Ecuador, donde vivió hasta los 12 años. Atrás queda el mundo de la infancia, y con ello aparece la constatación de que de ahí en adelante la vida no será sino una eterna despedida que se repetirá de diversas maneras. En Quito se queda el mundo de los multifamiliares de una generación —la de los años setenta— de clase media que pagó el precio de rebelarse pasando afugias económicas; el de los amigos inmigrantes que huyeron de países  como Chile y Argentina; la vida de barrio en la cual el tiempo transcurría como si jamás se fuera a acabar. Ahora, la hermana de Paola, Claudia, ha quedado embarazada; la otra hermana, Patricia, teme lo peor con el arribo de su madre y de su hermana más pequeña a su vida universitaria y emancipada de la familia, y el padre, Uriel, sacerdote retirado, también vuelve a la ciudad.

Lo extraño de todo ese episodio de reunión familiar, y el logro principal de la dibujante-autora, es que es capaz de usar ese momento para explicar, desde dentro cómo, al decir de Tólstoi, todas las familias son infelices, a su manera. Nada de lo que se planea sale como debería: Uriel, el padre, acaba exiliado en Medellín como locutor de una emisora cristiana; Patricia termina trabajando como instructora de aeróbicos; la madre regresa a Quito y Paola comprende que crecer es doloroso: que aquella primera despedida de los 12 años se parece mucho a esta de los 17 cuando conoce a los primeros artistas de la ciudad y pasa una noche en blanco pintando los muros de una ciudad que también abandonará. La familia se desvanece.

Cada ventana es como discurrir entre habitaciones. En el interior de cada marco, por lo tanto, se nos ofrece una posibilidad, si uno se detiene en ellos, de entrar a esa existencia escasa, rutinaria, pero profundamente humana, hecha de canciones, dolores, primeras relaciones sexuales, fiestas, clases escolares, por la cual todos pasamos alguna vez. Ir de una ventana a otra es como ver pasar la vida. La de Paola que siente, cuando va a llegar el final, que es hora de partir. Que ha llegado el momento de seguir partiendo, mejor dicho.

Virus tropical 3, Power Paola, La Silueta.

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