Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 1 hora
Por: Olga Lucía Barona

Ver a Messi campeón y no morir en el intento

Nada más quisiera en la vida que ver a Lionel Messi en el momento sublime de levantar la copa de campeón del mundo. Tal vez mi corazón no resista, pero asumo el riesgo con todas sus consecuencias. Y es que el mejor jugador del mundo, el mismo que muchos describen como un extraterrestre, no puede pasar por estos lares terrenales sin ser el rey orbital.

De su talento y magia nadie tiene duda, aunque algunos necios —la mayoría hinchas de Cristiano Ronaldo— se empeñen en buscarle un rosario de defectos. Aunque para mí raye en la perfección, tiene sus bajas, pero en cuanto a falta de liderazgo.

Hace cuatro años, en Brasil, estuvo muy cerca. Y mi corazón, estoy segura, alcanzó a fallar. Pero el sueño se esfumó y el dolor llegó hasta las entrañas. Sí, hasta allá llega el dolor. Alemania le arrebató su ilusión y la mía también.

En el Mundial de Brasil, la selección de Argentina no llegó como favorita y sin embargo clasificó a la final. Hoy el panorama no es diferente. No es candidata, tuvo unas eliminatorias desastrosas y sólo hasta la última fecha logró su cupo a Rusia.

Pero con la Pulga uno nunca sabe. Un equipo donde esté Lionel no se puede descartar, porque en algún momento se puede prender su inspiración y contagiar a un equipo falto de estrellas. Es cierto que Messi no tuvo la suerte de contar con una gran generación de futbolistas argentinos a su lado, pero para ganar un Mundial, además del talento -claro-, se necesita un toque de suerte y muchos huevos. Y de eso sí que saben los argentinos.

Que está en deuda con la selección, seguro que sí. Y por eso, impotente ante la negación de un título en el Mundial y en las Copas América, un Messi frustrado decidió renunciar a la selección. Una determinación que conmocionó a toda Argentina y a un pedazo de mi corazón. Es humano y le duele perder, lo frustra, lo incomoda. Pero también tiene tiempo para la reflexión, y saber que su decisión de abandonar la albiceleste era literalmente un problema de estado… sí, de estado de ánimo. Y como todo un valiente que es, no tuvo pena de admitir que se había apresurado y unos días después anunció que seguiría siendo el dueño de la 10.

Con la madurez que dan los años y la sapiencia de un profesional intachable, Messi debe saber que esta podría ser su última oportunidad. Y seguro se sentirá presionado, pero también envalentonado. Lo prefiero así. A sus 30 años, inclusive, podría jugar un Mundial más. No se sabe. Todo dependerá de qué le quede en su retina de Rusia.

No será un camino fácil, lo sé. Argentina no tiene un buen equipo. Las estadísticas no lo favorecen, las apuestas tampoco. Ni los mismos argentinos le tienen fe. Algunas encuestas realizadas en ese país registran que su favorita es Alemania. Qué le vamos a hacer, esa es la dura realidad.

Yo sólo quiero disfrutar este Mundial y no morir en el intento. Por favor, Messi, hazme llorar. Te lo pido. El carné de mi EPS ya está listo para salir corriendo a curar mi corazón. De eso me encargo yo. Tú, de ser el campeón.

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