Por: Iván Mejía Álvarez

Verdades

Los números y el juego son diferentes en las dos clasificaciones a los mundiales con Pékerman al frente. Del equipo con ideas tácticas claras, con juego atractivo, con riguroso rendimiento matemático, al elenco que acaba de calificar, titubeante, irregular, con unos números que a duras penas superan el 50 % y donde el déficit contra los grandes es total, media una distancia absoluta.

Tres puntos de los últimos doce disputados y una aislada victoria en Quito contra los ecuatorianos, dejan preocupación entre quienes pueden analizar el fútbol sin los condicionamientos patrióticos o la zalamería por el resultado.

Y del juego, mejor ni hablar. Colombia trabajó bien contra Ecuador en Barranquilla y en Quito, Chile en Santiago y después hay pedacitos de partidos en que se llegó a tener una idea colectiva, se asociaron, movieron la pelota, tuvieron llegadas. También hubo partidos muy pero muy malos, como el de Manaos ante Brasil, el de Uruguay en Montevideo, el de Argentina en San Juan. Para decirlo bien claro, no fue un equipo fiable, sólido, que diera la imagen de seguridad.

La Eliminatoria suramericana es muy dura y muy larga y en estos tres años todas las selecciones tuvieron sus altas y sus bajas, incluido Brasil, que naufragaba con Dunga hasta que llegó Tite al rescate. Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen por ahí, y lo que importa ahora que se llegó a la meta de clasificar, es recuperar el juego, el fútbol, la idea, los conceptos para no ir a disputar un Mundial como se jugaron los últimos partidos, de punta y para arriba, sin volumen de juego, con problemas defensivos derivados del mal momento del “eterno salvador” Ospina, quien terminó confundido y sembrando las dudas en todos.

El llamado de atención para mejorar en todos los sentidos para evitar una frustración colectiva en Rusia incluye el trabajo de Pékerman, ausente en muchos juegos, errático en muchas convocatorias, poco lúcido en los cambios. Por momentos se le vio ido del tema. Su actuación en la raya contra Paraguay fue nefasta. Pero también tuvo intervenciones interesantes que no se pueden disimular. Su contrato incluye que será el conductor en Rusia y eso obliga a pedirle que mueva un poco el tablero, que mire otras alternativas, que intente darle más juego, más fútbol colectivo, más tenencia de pelota al mediocampo, que se alimente mejor al delantero punta.

A este equipo le faltan unidades de entrenamiento, variantes ofensivas, portero suplente que le compita a Ospina, marcador de punta izquierdo, creatividad en el medio con jugadores como Benedetti o Quintero, más fútbol, variantes tácticas.

Que la sombra del árbol no tape el bosque.

 

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