Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Lo verde cada día vale más

“¿Dónde queda esa reserva?", pregunta que muchos bogotanos se hacen.

En la discusión sobre la Reserva van der Hammen (RvdH), el comentario más curioso y al mismo tiempo más diciente de todos los que he recibido o escuchado, es uno proveniente de un estudiante del curso sobre Medio Ambiente y Desarrollo que dicto en la Universidad Externado.

El alumno me llama y me dice: “Yo estoy totalmente de acuerdo en que hay que conservar la RvdH”, y después de darme argumentos que mostraban su gran interés y determinación en la defensa de la reserva, me pregunta: “Profesor, ¿y dónde queda esa reserva?”.

Lo ocurrido con el estudiante tiene un importante significado, que nada tiene que ver con su ignorancia respecto a la ubicación de la reserva, sino lo que significa su posición política como ciudadano y la valoración que hace de las zonas verdes de la ciudad, cualquiera que sea su ubicación.

La posición de muchos que se oponen a la urbanización de las tierras de la RvdH no tiene origen ni necesita fundamento científico, es una posición política de carácter ideológico y que representa el sentir de las nuevas generaciones.

Una ciudad moderna, con alta calidad de vida, hoy no se define según sus autopistas y la calidad de su pavimento, sino según la calidad del ambiente en el cual viven sus habitantes, es decir, entre otras cosas, por calidad del aire y disponibilidad de zonas verdes para su uso y disfrute por parte de los ciudadanos. Por eso, muchos bogotanos que no conocen la ubicación de la RvdH hoy desaprueban la gestión de Peñalosa por su intención de urbanizar una zona verde que el ciudadano, sin conocerla, la considera parte de su patrimonio urbano.

Como lo demostró la Fundación Cerros de Bogotá, en seminario reciente sobre el tema, la revalorización de lo verde en los espacios urbanos es una tendencia global.

Ciudades tan distintas como Berlín y Hong Kong hoy hacen grandes inversiones para convertir en zona verde partes de la ciudad que antes estaban dominadas por el cemento. Me impresionó la inversión en la recuperación de lo verde que ha hecho Hong Kong entre 1986 y 2016, que es el espacio de tiempo que hubo entre las dos visitas que he tenido la oportunidad de hacer a esta ciudad e importante centro financiero y comercial del mundo.

En la medida en que el mundo se urbaniza y que grupos cada vez mayores de la población tiene las necesidades básicas satisfechas, la disponibilidad de lo verde tiene más valor.

En nuestro caso muy local sobre la RvdH debemos discutir no si conservarla o urbanizarla, sino cómo manejarla y lograr que la ciudadanía pueda hacer uso y beneficiarse de su existencia. Hay múltiples alternativas de manejo, y de la que definamos y ejecutemos dependerá qué tanto valoremos y disfrutemos esta importante parte de nuestro patrimonio urbano.

 

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