Por: María Elvira Samper

Verde que te quiero verde…

EN LAS ELECCIONES DE HOY CONFLUyen, como nunca, el oro y la escoria.

Un partido como el PIN, con una deformación genética y una lista que incluye una jugosa representación de ex congresistas condenados o investigados por vínculos con los paramilitares, se medirá en las urnas con partidos sin maquinaria, ajenos a la politiquería, a la corrupción y a la influencia de dineros de dudosa procedencia: Compromiso Ciudadano y el Partido Verde, las novedades de la temporada electoral, ambos encabezados por exitosos ex alcaldes de las dos ciudades más importantes del país.

Sobre el PIN, los pronósticos apuntan a que podría superar el millón de votos. De concretarse, sería la comprobación de que quienes hicieron diabólicas alianzas conservan su influencia y, en cuerpo ajeno, harán presencia en el Congreso.

El resto de los partidos, salvo el Polo, tampoco están libres de culpa como para tirar la primera piedra; todos tienen en sus listas cuotas o familiares de ex congresistas vinculados a la ‘parapolítica’. Pero mi opinión —y no la cambio— es que el PIN es la escoria. Fue “recargado” con restos de los partidos uribistas que prácticamente desaparecieron por sustracción de materia motivo ‘parapolítica’, y con candidatos que la U desechó por inconvenientes y, además, fue orquestado desde las oscuras entrañas de La Picota.

En cuanto a las apuestas por Compromiso Ciudadano y el Partido Verde, pocos creen que van a lograr el umbral. Pero ese es el gran reto y superarlo depende de quienes no quieren más de lo mismo. Votar por ellos es votar contra la supervivencia del clientelismo, la corrupción y la politiquería.

Y aunque en la mayoría de los partidos hay candidatos con credenciales suficientes como para votar por ellos, yo me inclino por el Partido Verde (verde esperanza, que es lo último que se pierde). Me gusta el mensaje que envían los “tres tenores”, y es el de que, pese a las diferentes coloraturas  de sus voces, es posible cantar en la misma ópera. El Partido Verde representa una opción distinta, constructiva, respetuosa de las diferencias. Además, los tres ex alcaldes han demostrado que es posible deponer los protagonismos personales en función de una apuesta común: un país más equitativo, más democrático y más justo. Un país decente, sin influencia de las mafias.

¿Lograrán los “tres tenores” transmitir ese mensaje para impulsar sus listas? La respuesta la tienen los electores.  Y está en manos de los millones de electores la posibilidad de sancionar a quienes han corrompido el ejercicio de la política, a quienes han actuado en función de intereses particulares y privados con la mira puesta en puestos y contratos, a quienes se han movido por los turbios intereses del narcotráfico, las mafias y los paramilitares.

La responsabilidad de la degradación y la perversión de la política no es sólo de los políticos corruptos. Es también de la sociedad que ha sido cómplice de ellos por acción u omisión. Millones de colombianos decentes podemos hacer la diferencia.

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