Por: Jaime Arocha

Verdes y gente negra

EN BOGOTÁ, LOS TRES TENORES fueron los alcaldes que más se fijaron en la gente negra y en la Ley 70 de 1993, que avala sus derechos.

En 1994, Mockus instaló la primera comisión consultiva de comunidades negras, y de esa manera inauguró un mecanismo fundamental para la democracia participativa. Peñalosa auspició el primer estudio demográfico y sociocultural de la población afrodescendiente de la capital, sentando bases objetivas para futuras políticas públicas, en tanto que Garzón vinculó a las universidades oficiales en el desarrollo de programas de formación permanente de docentes alrededor de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. A partir de esos antecedentes, el que Antanas haya ganado la consulta interna del Partido Verde a uno lo lleva a fantasear cómo, si él llegara a ser presidente de este país, quizá nos acercaríamos al final de esa pesadilla que vive la gente negra desde 1997, intensificada en estos últimos 8 años.

He imaginado al pedagogo que le da lecciones a la cúpula militar para que los soldados dejen de apuntar sus armas hacia el campesinado afrocolombiano de los dos litorales y valles interandinos, y apoyen a los consejos comunitarios de las comunidades negras, en vez de que sigan haciéndolo con quienes añoran acabarlos. He soñado que Antanas ampliaría las lecciones que han dejado las formas de producción colectivas, que se basan en policultivos amables con la naturaleza, de modo que el Ministerio de Agricultura las convirtiera en su razón de ser, como ha debido ocurrir desde que fueran aprobadas las reformas constitucionales de 1991 a favor de la salvaguardia de la propiedad colectiva de territorios ancestrales y de los frágiles ecosistemas tropicales. Fantaseo que convertiría al Ministerio de Educación Nacional en motor para consolidar la Cátedra de Estudios Afrocolombianos y otros programas de educación intercultural para que todos los estudiantes del país crecieran ejerciendo una tolerancia no condescendiente con las disidencias étnicas y raciales, y de esa manera las apreciaran como riqueza nacional, admitiendo que muchas veces consentir la igualdad de quien es distinto puede ser conflictivo. Lo retrato devolviéndole al Incoder su función de reparar a los desterrados, coadyuvando en la devolución de territorios ancestrales que cimientan complejos universos simbólicos. Hoy el Ministerio de Cultura “oferta” tales universos como si fueran mercancías autónomas del espacio, sujetas a las leyes del mercado de industrias culturales y turísticas e instrumentalizadas por Colombia es Pasión para disimular la gravedad de las subvenciones otorgadas a los palmicultores mediante Agro Ingreso Seguro, o los falsos positivos y el espionaje a los contradictores políticos.

Claro está que todas estas añoranzas se estrellan contra triunfos como los del PIN y del uribismo, con sus intervenciones descaradas e indebidas a favor de candidatos oficialistas, además de sus compras y manipulaciones de votos. Sin embargo, ante estas evidencias volverse realista y dejar de imaginar utopías para los afrocolombianos equivaldría a otro triunfo del unanimismo.

* Grupo de Estudios Afrocolombianos,Universidad Nacional.

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