Por: Julio Carrizosa Umaña

Veredas de guerra y paz

La paz construida en el aire pronto empezará a transitar las veredas por donde se propagó la guerra en el siglo pasado.

Ese contacto fundamental entre lo imaginario y lo real, esa prueba física de la funcionalidad de lo pactado, se realizará en 23 municipios, todos ellos parte de la historia de nuestros enfrentamientos armados. En ellos se encontrará el nuevo país imaginado, con los restos de otros imaginarios colectivos, con los del enriquecimiento fácil, con los de la república católica, con los del desarrollo neoliberal, con los del socialismo del siglo XXI. En estos encuentros con los viejos imaginarios, el país imaginado en La Habana, pacífico, sin coca y sin guerrilla, pleno de justicia social, no tendrá más ventajas que las que le proporcionen la fuerza, la lógica, la claridad y el mayor realismo de sus argumentos.

Por lo anterior, es necesario estudiar con cuidado, detalladamente, las situaciones que plantearán la concentración, el desarme y la desmovilización de los excombatientes en 23 veredas y ocho campamentos. No conocemos qué piensan los miles de mentes que serán agrupadas en esos sitios y que se enfrentan a realidades desconocidas. El imaginario en el que fueron formados, el de la revolución triunfante, el de los hombres nuevos que llevarían al país por medio de la guerra al paraíso comunista, es posible que perdure en algunos aun cuando el desarme lo haga imposible.

Pienso que hay variables poco tenidas en cuenta en La Habana, y en general desdeñadas en la izquierda y en la derecha, que pueden ayudar en estas circunstancias a robustecer el nuevo imaginario por encima de los que nos condujeron a la guerra. Me refiero a las variables físicas, bióticas y químicas que conforman los microecosistemas que encontrarán al entrar a las veredas en donde vivirán 180 días, al ambiente físico, a la naturaleza con la cual convivirán en esos meses.

Infortunadamente, ese ambiente físico de las veredas ha sido también una víctima de la guerra y está pleno de heridas y cicatrices: microclimas alterados, bosques destruidos, aguas contaminadas, suelos compactados o erosionados, fauna diezmada. Los excombatientes se enfrentarán durante seis meses a esos microecosistemas deteriorados, algunos sin remedio. En esa nueva batalla sí los podríamos acompañar.

 

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