Por: Uriel Ortiz Soto

Vergüenza electoral

En varios artículos anteriores publicados por diferentes medios advertimos sobre lo que iba a suceder en los comicios del domingo pasado con las tantas falencias electorales y los graves problemas que agobian el ejercicio de la política en Colombia.

Cuando la reglamentación a la Reforma Política fracasó, se evidenció que los caciques de siempre le habían ganado la batalla al desarrollo de unas elecciones límpias y transparentes. Faltando por escrutar el 50% de los votos depositados por los ciudadanos, ya empezamos a recorrer el peor calvario de nuestra historia legislativa, parece que el congreso que acaba de elegirse heredó con mayor ahínco, organización y bríos, los vicios del que vergonzosamente termina en el próximo mes de junio.

Como prueba de lo anterior, es verdaderamente insólito lo que está ocurriendo. A cuatro días de las elecciones en vez de resultados lo que hay es un despelote con graves suspicacias y serias aseveraciones por falta de honestidad, organización y pulcritud para el desarrollo de una contienda electoral en nuestro país.

Estamos en la mira más vergonzosa de la comunidad internacional; muy seguramente tan macabra desorganización llegará al seno de los organismos internaciones los cuales sentarán su más enérgica protesta graduándolos como violación a los Derechos Humanos y a la dignidad de las personas. Esto quiere decir que las ayudas de gobiernos extranjeros se verán menguadas o condicionadas mientras no se corrija de una vez por todas tantas fallas del sistema electoral en Colombia y sobre todo se estructure y se reglamente una reforma política sería y coherente con las exigencias de todos los sectores de la población.

Los TLC, que se discuten o se negocian en los actuales momentos muy posiblemente se verán impactados en los diferentes capítulos y protocolos que deban firmarse. Considero que con las elecciones del pasado domingo el TLC, con los Estados Unidos, va a sufrir nuevos tropiezos; los parlamentarios demócratas  tendrán de donde prenderse para decirle al presidente Obama que no es prudente ni procedente por ahora firmarlo mientras no se sepa la verdad de, qué fue lo que pasó, en las elecciones del 14 de Marzo.

Es que definitivamente la corrupción política no da su brazo a torcer, lo más desastroso es que con sus argucias y abultados presupuestos del narcotráfico, se están apoderando de las instituciones democráticas y si nos descuidamos nuestro Estado de Derecho entraría a ser manejado por verdaderos delincuentes de cuello blanco, como ya lo están haciendo en varias instituciones de administraciones regionales. ¿Qué decir de los Congresistas que llegan a Senado y Cámara, que muy pronto serán llamados por los Organismos de Control; fiscalía, Consejo Nacional Electoral y Corte Suprema de Justicia para que respondan por diferentes delitos?

Según cálculos de expertos en el tema, muy seguramente sobrepasan del 50%, los elegidos el domingo que perderán sus curules e irán a parar a las cárceles. Con excepción de unos pocos, desde ahora continuaremos soñando con tener unos Padres de la Patria, dignos y honestos que cumplan con sus deberes legislativos con eficiencia y pulcritud. Causa verdadero escozor, indignación y dolor de Patria, los macabros cuadros que han presentado algunos medios de comunicación por la forma burda y descarada en que se sedujo a algunos electores en varias regiones del País: ver a gamonales políticos de la Costa Caribe y del Meta, ofrecer un plato de comida o la pírrica suma de cinco mil pesos  por un voto. Estos compatriotas que recibieron tan humillante contribución democrática, quizás no tangan la culpa de haberlo hecho, pero, los gamonales sí es justo que respondan ante la justica penal y que vayan a la cárcel sin ninguna contemplación.

Esperamos que con las elecciones del domingo pasado hayamos aprendido la lección y habernos dado cuenta que la corrupción política está a la orden del día vivita y coleando. Es justo que todo el pueblo Colombiano, se volqué en un solo grito para pedir una reforma política estructural e integral con su respectiva reglamentación. Su estructura debe estar precedida por la participación de todos los sectores: sociales, económicos, educativos, políticos y de la Colombia Rural. Esta es una tarea que se debe emprender de inmediato. Con lo que ha ocurrido en las últimas elecciones  es muy poco lo que queda de dignidad: política, legislativa y democrática. De seguir como vamos,  en los próximos cuatro años el cáncer de la corrupción política será peor y tendríamos que cerrar el Congreso definitivamente a arrendarlo para un centro de rehabilitación legislativo, político y democrático.

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