Colombia clasificó a cuartos de final de la Copa América

hace 7 horas
Por: Gloria Arias Nieto
Pazaporte

Vértigo

Me gustaría saber cuánto pesa la ley. Esa de la que tanto hablan presidentes y subpresidentes, ministros y senadores buenos, malos y regulares; en las alocuciones de las ocho, en el destape de las ollas podridas y en los entierros de notables asesinados, niñas abusadas y campesinos masacrados. El punto es que la justicia no se mide en gramos ni en toneladas, sino en decisiones correctas y razonadas, valientes y objetivas.

En los últimos días, el peso de la ley se ha comportado como un sofisma de alguna serie de Netflix. En horas, don Seuxis Paucias fue decretado no extraditable, intentó pseudosuicidarse, fue liberado y salió de la cárcel en silla de ruedas; inmediatamente fue recapturado, lo subieron a un helicóptero y llegó a la Fiscalía; a la mañana siguiente salió para la unidad de cuidados intensivos, fue hospitalizado, legalizaron su recaptura, fue dado de alta y regresó al búnker. Nueva escala: complejo judicial de Paloquemao.

No es un happening de manicomio. Es un capítulo grave en la trazabilidad de la justicia, y deja varias secuelas:

Un fiscal mañoso y pluricuestionado renuncia. ¡Chao, fiscal! Bien ido. La falacia es que no sale por Odebrecht y otras perlas, sino disfrazado de adalid de la justicia, por “conciencia y devoción”.

Una Fiscalía íntegra debería haberle entregado todas las evidencias a la JEP. No lo hizo, la JEP falló con lo que tenía y quedó ante muchos como un zapato. Claro, dije “Fiscalía íntegra”, es decir, otra, en un universo paralelo. No en este, no con el exfiscal que sabemos.

El innombrable y su combo aprovechan la bandeja de plata y denigran no de tres magistrados, sino de toda la JEP como institución. Otra injusta estocada al proceso de paz.

Ante los ojos del mundo quedamos como un sistema bipolar —¿tripolar?— que se contradice y pone zancadillas a diestra y siniestra. Siniestra: esa es la herencia que nos deja esta noticia en desarrollo.

Y a todas estas: ¿qué piensan los miles de desmovilizados que siguen en “modo incertidumbre”?

Mientras tanto, The New York Times (NYT) escribe sobre las presiones en el Ejército colombiano y la medición de éxito en términos de bajas (léase personas asesinadas, culpables o inocentes, guerrilleros, campesinos, desempleados de barrio o posadolescentes mal parqueados). Al día siguiente el periódico francés Le Monde informa que el periodista del NYT debió salir de Colombia por falsas acusaciones de la senadora Cabal. Y Botero ahí, impertérrito. Él, que había sido bueno en su gestión gremial, ha sido nefasto para una cartera que desconoce y para un país que se debate entre afianzar una paz difícil, incipiente y necesaria, o convertirla en cenizas.

El presidente eterno sentencia extradiciones y mira para otro lado ante cualquier cosa que le refresque el tema de las madres de Soacha o situaciones semejantes

Seis de cada diez encuestados desaprueban la labor de Iván Duque. No sabemos si los otros cuatro están al tanto de las noticias, van al kínder o viven en Groenlandia.

A este ritmo, al cabo de unas horas cuando esta columna sea publicada, no sé dónde y en qué condiciones estará Santrich. No sé si a la larga la JEP termine fortalecida o golpeada, si el mundo nos odie o nos ame, y si nosotros recuperemos la fe en las instituciones. Solo sé que no podemos perder el pensamiento crítico, ni dejar que el escepticismo o la inercia nos devoren, como si la pesadilla fuera inevitable.

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