Por: Michelle Arévalo Zuleta
La Michelada

Viajar en la nave de los locos

Una casa en Chapinero Alto fue la entrada a un viaje más allá de este universo, una mirada desde el espacio exterior, que hizo que me cuestionara sobre la manera en la que viajamos por la vida y como pasamos por lugares, personas y situaciones sin siquiera fijarnos en los detalles que encierran la esencia misma de las cosas.

A las 20:00 horas, abordamos la nave que nos llevaría fuera de órbita, nos adentramos sin saber en una casa de los años 50 que guarda infinidad de historias en sus paredes, y que esa noche sirvió de galería para  las obras de Alejandro Moreno, un fotógrafo español que ha convertido sus viajes por el mundo en todo un material de colección, una colección que sería luego parte fundamental del equipaje que llevaríamos  a bordo.

La capitana de esta nave fue María Angélica Bernal, una chef que ha venido plantando ideas que ahora dieron fruto a las experiencias más originales, a las que se puede asistir en Bogotá, su casa Lélyté (Cl. 64 #3a-29), es un restaurante donde los vegetales se convierten en platos exquisitos, que no te hacen ni por un segundo extrañar la carne.

Mientras más nos adentrábamos en la nave, más descubríamos lo que sería de este viaje sin retorno; las obras de Alejandro nos permitieron hacer escala en Portugal, en India y África, sus fotos están llenas de paisajes infinitos, de personas pintorescas, de texturas y colores, que cargan una historia detrás y que Alejandro se tomó el tiempo de contar durante la noche.

Nuestro kit de viaje, no fueron audífonos, ni tapa oídos, pues estos junto a los demás sentidos, debían estar bien atentos para poder descubrir las pistas que nos llevarían a entender el porqué de cada cosa en este paseo; por el contrario, se nos entregó un collar de flores, una totuma con una vela y un papel en blanco.

En medio del recorrido nos encontramos con el nombre y epílogo de la obra, “overview effect”, este término es usado para describir la sensación de los astronautas, cuando observan la tierra, estando en órbita, o desde la superficie lunar. Alejandro encontró en esta frase el contexto perfecto que encierra su obra y su forma de ver ahora el mundo como un todo, como afirman los astronautas, al ver el mundo en esta perspectiva, las fronteras desaparecen, los conflictos que dividen a las personas ya no parecen importantes y la necesidad de crear una sociedad planetaria con un objetivo común de proteger este punto azul pálido, se convierte en algo obvio y acuciante. Todo lo que se puede ver en sus fotos, pues si bien son culturas y lugares tan distintos las que capturó, al final somos humanos, simplemente humanos los que habitamos ahí.

Como en todo viaje llegó la hora de comer, y esta cena está no solo a cargo de María Angélica, pues como parte de la tripulación estaba Rodrigo Pazos, reconocido chef del Restaurante Llorente y que se subió a bordo por invitación de María Angélica,  juntos diseñaron un menú en 7 pasos inspirado en cada fotografía de Moreno.

Como tentempié, nos impresionaron con un turrón de ricota frío, seguido de carantanta con ají de maní y un cóctel de bienvenida. Luego las velas en el piso nos indicaban el camino al comedor, ahí, vimos una obra cubierta con solo luces alrededor, esta sería revelada al final del viaje y uno de los pasajeros tendría el privilegio de llevársela a casa.

Cada plato superaba el anterior, pudimos disfrutar de una coliflor en salsa de cactus, calamares rellenos de queso ricota, un plato de quinua con flores comestibles, un postre con triturado de galleta, cada plato nos obligaba a poner a trabajar lo sentidos, analizando cada sabor, enamorando la vista y sobre todo experimentando una mezcla de sabores salidos de la imaginación de dos chefs.

Un cóctel de campari con zapote y un buen café para terminar, todo mientras escribíamos un propósito personal en el papel en blanco que se nos entregó al principio del vuelo, este se convirtió en una ofrenda que simulaba el famoso festival de luces de la india.

El viaje finalizó cerca de la medianoche, pudimos ver el mundo desde otra perspectiva, pudimos saborearlo en platos inimaginados, pudimos compartir con extraños y que se aventuraron junto a nosotros en este recorrido, cuatro horas placenteras, que nos dejan no solo el estómago lleno y el corazón contento, sino, una reflexión alrededor de la forma como desde nuestra pequeña nave que es nuestra mente, concebimos el mundo que está frente a nosotros, ese que dejamos pasar y que segregamos, juzgamos y dividimos con prejuicios, pero que al final es un todo, somos iguales aquí o en la china, finalmente las fronteras son imaginarias, sin duda, darnos la oportunidad de tener una visión general del mundo es lo que nos permite unirnos, viajar a través de el arte y la gastronomía, es siempre la mejor forma de viajar.

Este fue el quinto vuelo de esta nave de los locos, gestionado por la iniciativa cultural @marte.sin.titulo. Para comprar un tiquete (180 mil pesos) y vivir siempre una experiencia distinta, solo hay que seguir @casa_lelyte en Instagram y hacer clic a este viaje. Gracias a María Angélica Bernal y sus colaboradores, estos espacios donde convergen artistas emergentes y platos únicos, son posibles cada tanto en la ciudad.

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