Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Viaje a China: ¿oportunidades perdidas?

Para los occidentales ha sido muy atractivo viajar al Lejano Oriente. Recordemos a Alejandro Magno o a Marco Polo. En el caso de los chinos, sus rutas se dirigieron al occidente como lo hiciera Xuanzang (Hsüan-tsang) (602-664), que se mantiene vivo gracias a la ficción. En efecto, en Viaje al Oeste, la famosa novela anónima publicada en 1590, se narra su viaje a la India en busca de los sutras sagrados. Ahora, si algo distingue a estos tres ilustres viajeros es que sabían a qué iban y se supo con qué regresaron.

Surge entonces la pregunta de cómo se planeó el viaje de Duque a China. Sin embargo, la información entregada por el Gobierno y por los medios no permite dilucidar el asunto. Es reconocida la importancia de los viajes internacionales de los gobernantes y las ventajas que se generan con los encuentros personales. Pero la carencia de una buena información, en vez de aportar a los análisis de los expertos o generar el respaldo de la opinión pública, termina convirtiéndose en alimento para los comentarios fútiles y dañinos.

El primer viaje de alto nivel a la China fue el del canciller Augusto Ramírez Ocampo en 1985, quien ya había actuado como ministro delegatario. Se cumplían cinco años de la normalización de relaciones entre los dos países y los anfitriones se esmeraron por darle a la delegación colombiana una gran acogida. Dentro de la agenda acordada se reunió por primera vez la comisión bilateral de comercio, integrada por funcionarios y empresarios. El objetivo de Colombia era explorar posibilidades de intercambio entre las dos partes pues el conocimiento que se tenía de China era muy precario; apenas estaban despegando sus políticas de apertura y modernización y la información disponible tanto sobre la economía y como sobre los mercados era muy deficiente. Las fuentes, básicamente las de los ministerios y organismos del Estado más las de los empresarios chinos y extranjeros, eran muy contradictorias y reclamaban un comportamiento prudente de nuestro lado.

En ese momento, la posición de los chinos fue muy diferente a la nuestra. Ellos sabían que el gobierno de Betancur quería insertar a Colombia en el Asia por medio del comercio y habían entendido que la reunión debía llegar a resultados concretos. A cambio de ofrecer sus productos, su estrategia se movió hacia la compra de los nuestros. Y ofrecieron comprar café, cemento y bananos. La Federación de Cafeteros fue cauta. En cuanto al cemento, no teníamos oferta exportable. Y lo que quedó sobre la mesa fue una oferta por 10.000 toneladas que se acordó con el representante de los bananeros y que fue la primera exportación de fruta a China.

Si bien es cierto que hasta ahora hemos mantenido la diplomacia comercial en cabeza del Ejecutivo y que ha funcionado con nuestros vecinos, con el resto del mundo y especialente con Asia los mensajes que se envían resultan muy ambiguos. Allá se entiende que un presidente se limita a las negociaciones relacionadas con los grandes intereses nacionales y que los negocios corresponden a los empresarios quienes, además, manejan variables que no se pueden mezclar con los temas de Estado. De tal manera, el viaje del presidente Duque a China debe mirarse desde otra perspectiva. En tal sentido, resultó azarosa la imagen de un presidente recibido en Shanghái por el embajador chino en Bogotá y no por el canciller Wang Yi, que se encontraba en Chile. Dado que se trataba de una visita de altísimo nivel —una visita de Estado—, surgen dos inquietudes: o se concertó mal el viaje, o el nivel con que nos recibieron no fue el esperado.

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2019-08-15T00:00:53-05:00

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