IV Encuentro de Liderazgos LGBT: A enfrentar el conservadurismo religioso

hace 1 día
Por: Fernando Araújo Vélez
El caminante

Víctimas de la cobardía

Porque la cobardía, sí, la cobardía no es una simple palabra de ocho letras con un significado preciso, el de los diccionarios. Es mucho más que eso, y contiene cientos de lados, de interpretaciones, de razones y consecuencias, y miles de millones de justificaciones. Hay cobardes por comodidad y cobardes por educación, cobardes por inseguridades y cobardes por ignorancia. Hay cobardes que jamás encontraron una razón que defender en la vida, y cobardes que la hallaron pero aún así prefirieron cuidar sus céntimos, y cobardes que se creyeron el cuento de que eran especiales y únicos, y de que el mundo eterno debía subordinarse a ellos, a su belleza e inteligencia, a su gusto y exclusividad. 

Hay cobardes que no creen en nada y por eso no van a dar la vida por nada.

Hay cobardes y cobardes, que por no enfrentar a nadie van por detrás y clavan puñales por la espalda, y cobardes, que por cobardes, viven de la aprobación y son una simple y peligrosa máscara siempre sonriente. Todos son deleznables, pienso yo, pero los peores son aquellos que se acomodan o huyen y permiten que otros se maten por ellos, como muchos de ustedes, señores, gente. Me dirán, me han dicho que no tuvieron oportunidades, que nadie les dijo que había otras opciones, pero yo no creo en eso. No se necesitan millones para comprender que dos es más que uno, y que tres es más que dos, y que dándole la mano al otro, una mano serán dos manos, como decía Gonzalo Arango.

No se requieren diplomas de universidades elitistas para salvar la vida del vecino que está dando la suya por usted y por los suyos. No, no se necesita tener una cuenta corriente en el banco para compartir un pedazo de pan y un poco de lo que hay en esa cuenta. No se necesita que alguien nos haga venias y nos permita cambiar el así ocurrió, por así quise yo que ocurriera. No se necesitan leyes para luchar, ni apellidos socialmente aceptados para leer y escribir y hacer una obra. No se requieren estudios para sentir el hambre y para saber que el que pasa por el frente de nuestra chabola también puede tener hambre, señores, gente.

De justificaciones y de víctimas está repleto el reino de la injusticia, y sí, a los soberanos de ese reino también les conviene que nos justifiquemos y nos creamos víctimas, porque las víctimas lloran, porque las víctimas se justifican y piden, son pasado, jamás futuro, y permanecen en su lugar lamentándose de su suerte, esperando que alguien se compadezca de ellas y les solucione la vida. Porque las víctimas, señores, gente, acaban por agradecer las migajas que les echa en la mano el soberano para que sigan siendo víctimas y se queden pidiendo, en lugar de ir a tomar. Se quedan viviendo de quejidos, pues de tanta limosna comprendieron que el quejido es reedituable, un negocio, en vez de ir a luchar por algo, y van restando y se van restando, señores, gente.

 

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