Por: Andreas Forer

Víctimas del conflicto armado: entre el escepticismo y una nueva esperanza

¿Qué tanto ha cambiado la situación de las víctimas desde que la normatividad ha vuelto sus ojos sobre ellas?

Los ejemplos sobre el avance normativo de Colombia en materia de protección a las víctimas del conflicto armado no es despreciable, varios ejemplos demuestran esta afirmación: leyes de protección a la población desplazada forzadamente, autos de de la Corte Constitucional sobre la necesidad de proteger a las mujeres víctimas del conflicto y a la población indígena, leyes como ‘justicia y paz’ que privilegian el estribillo que ya más parece una canción popular que todos tararean sin reconocer su significado: verdad, justicia y reparación… En fin.

Pero, al visitar las zonas del país en las cuales se ha sufrido de manera directa la violencia del conflicto, uno se pregunta si realmente las normas jurídicas que contienen mecanismos para que las víctimas hagan exigibles sus derechos han servido para que superen esa condición, o si, por el contrario, se han perpetuado como discursos que sirven para alabar la sabiduría de un legislador cuya realidad no siempre corresponde con aquella que sufren los destinatarios de sus normas de papel.

Esta semana tuve la oportunidad de estar en contacto con personas que han sido víctimas del conflicto en dos puntos opuestos de la geografía nacional: el suroccidente y la costa atlántica y lo que encontré es que, a pesar de que en un lugar escuché salsa y en el otro vallenato, hay una misma realidad que a todos embriaga pero de desazón: el escepticismo de sus víctimas.

Y no es para menos, sus testimonios dan cuenta de la forma como las instituciones del Estado visitan sus regiones (por lo general pobres y apartadas) para explicar programas, planes, leyes, trámites ininteligibles y llenos de formalismo que, sin embargo, son una luz de esperanza en medio de la dura cotidianidad. Pero, después de recoger información, llevarse firmas de formularios, de denuncias, dejar un sinfín de promesas y expectativas que asegurarían un mejor futuro, después de todo eso, nadie vuelve, nadie da información, las solicitudes, cuando logran una respuesta, son negadas, las preguntas se responden con dilaciones, y lo que queda es, de nuevo, la desconfianza y la desesperanza.

No dudo que muchas de las normas en Colombia sean un ejemplo para el mundo en materia de garantía de derechos de víctimas del conflicto, pero, así mismo, no dudo que las instituciones han fallado en la implementación de esas normas y sus esfuerzos no han sido suficientes ni eficaces para realizar lo que las leyes señalan ¿qué mejor prueba que los relatos de sus destinatarios? Es más, ¿qué mejor ejemplo que las condiciones en las cuales viven sus destinatarios y desde la cuales hacen esos relatos?

Pero el escepticismo puede tener remedio, es lo que las víctimas y muchos esperamos. Falta poco para que el Congreso apruebe la llamada ‘Ley de víctimas’  la cual cuenta con nuevos mecanismos de participación de las víctimas, evidencia un esfuerzo adicional en comunicación, en publicidad de los procesos, en facilidad de acceso a la información; establece medios para sufragar gastos de aquellas víctimas que no puedan concurrir a las actuaciones judiciales, entre otras fórmulas que esta vez se robustecen con herramientas de seguimiento y vigilancia a la implementación de la ley como la conformación de una Comisión de Seguimiento y Monitoreo conformada por diversas instituciones, entre otras medidas.

Así, en la Ley de Víctimas se vislumbra una nueva esperanza que ataca un pasado lleno de decepciones y mecanismos de atención brindados a medias. Pero, hay  que analizar esta iniciativa con cautela, quizá es el momento de hacer un alto en el camino que se ha recorrido en el esfuerzo por satisfacer los derechos de las víctimas, aprender de las experiencias afortunadas y desafortunadas, elaborar un plan realizable y no dejarse llevar por el deseo de cumplir la deuda histórica con ellas.

El éxito de la nueva ley dependerá de la eficiencia de los medios que se creen y quizá tenga la oportunidad de medirlo cuando, en otro viaje, las mismas víctimas narren nuevas historias y hayan construido un mejor presente.

En twitter: @andreasforer

 

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