Victoria del pueblo

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Cuatro días memorables: la victoria del pueblo movilizado contra la reforma tributaria. Las protestas multitudinarias de miércoles a sábado de la semana pasada fueron un triunfo sobre el miedo: el miedo al Covid-19, el miedo a los excesos de la Fuerza Pública, el miedo a prohibiciones precipitadas y torpes de un tribunal de justicia… Todos los obstáculos fueron superados por un conjunto plural de fuerzas coaligadas en comités de paro, nacional y regionales.

Fueron protestas pacíficas, multicolores, llenas de iniciativas culturales, musicales, artísticas en la mañana, pero que resultaron sorprendidas por grupos de personas extrañas que protagonizaban desmanes en las horas de la tarde y de la noche. Los principales líderes y lideresas del extraordinario movimiento rechazaron enfáticamente los brotes de violencia.

El origen de la violencia tiene que ser establecido con miras a evitar que se siga presentando. La gente está iracunda, desesperada, con las crecientes condiciones de desempleo, miseria y hambre que afectan a sectores cada vez más extendidos en ciudades grandes y medianas. Testimonios, fotos y videos hacen pensar que agentes de policía vestidos de civil estarían entre los instigadores de los desmanes. Sin olvidar que aún estamos en un conflicto político armado que no encuentra forma de cerrarse mediante diálogo y negociación.

La protesta transitó de un día a otro mostrando asombrosa fortaleza que el Gobierno ignora. En un principio, el presidente cede en algunos puntos de la reforma tributaria que cataliza el descontento, pero se niega tozudamente a retirarla.

Obsecuente con el pedido de Álvaro Uribe, el Gobierno decide acudir a la vaga fórmula de “asistencia militar” prevista en el Código de Policía (art.170) y da comienzo en Cali a un ensayo de militarización dirigido directamente por el ministro de Defensa, Diego Molano, quien llega a tomar control en la ciudad.

En la noche del viernes 30 al sábado 1° de mayo se va o quitan la luz en sectores populares de la ciudad (Terrón Colorado, Paso del Comercio…) y hombres vestidos de negro, en la oscuridad y sin cámaras, arremeten contra los manifestantes gaseando y disparando. Los heridos, al parecer, son numerosos. Hay información en redes, los medios locales y nacionales no se han referido a este grave hecho. Tampoco se ha oído la voz de la Defensoría del Pueblo al respecto.

El sábado 1° de mayo la protesta continúa sin perder vigor, al contrario, mostrando renovado impulso. Grandes muchedumbres en las calles, con sol y con lluvia, reiteran la demanda de retirar el malhadado proyecto y los convocantes anuncian que, de no ser retirado, las acciones de protesta se retomarán el 19 de mayo.

Al mediodía del domingo 2 de mayo ocurre lo que se consideraba ineludible e inminente. El presidente anuncia el retiro del proyecto: “Solicito al Congreso de la República retirar el proyecto de reforma tributaria presentado por el ministro de Hacienda y tramitar, en forma urgente, un nuevo proyecto fruto del consenso, y así evitar incertidumbre financiera”.

La contundencia del movimiento de protesta obliga al Gobierno a bajarse de su terquedad y prepotencia. Cuántas vidas y cuántos recursos hubieran dejado de perderse si el Gobierno no presenta el 15 de abril un proyecto que hacía aún más difícil la situación de millones ya empobrecidos y sin trabajo por la pandemia. Esta torpeza tiene nombre propio. Ministro de Hacienda y presidente no pueden eludir su responsabilidad en estos hechos.

El Gobierno sigue su imparable desgaste en año preelectoral. Todo indica que la protesta no cesará. Esta se muestra con mayor capacidad que anteriores protestas, inclusive la que culminó en el Paro Cívico de 1977. Estos a un tiempo difíciles y memorables días constituyen señales de que un cambio de enorme importancia se aproxima. Las protestas duelen, pero abren tiempos luminosos. Es la lección de la historia en todo el mundo.

luis.sandoval.1843@gmail.com

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