Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Victoria pírrica?

UNO NO PUEDE MENOS QUE quitarse el sombrero con la habilidad de los gremios agrícolas norteamericanos.

Su indiscutible mérito radica en que lograron mantener y aumentar los subsidios al sector agrícola en medio de un clima no necesariamente propicio para ello: los precios de los productos agrícolas, especialmente el maíz y el trigo, pocas veces han estado tan altos; el déficit del gobierno federal en E.U. cada día es mayor; tanto la administración Bush como los demócratas que dominan el Congreso parecían inclinados a modificar los subsidios; y la creciente globalización va en contravía del proteccionismo. No obstante tan formidables obstáculos, y el hecho de que los agricultores norteamericanos componen menos del 1% de la población, los gremios demostraron que su poder político es infinitamente superior a sus números.

¿Cómo lo lograron? De acuerdo con el Wall Street Journal (marzo 24, 08): “Los influyentes grupos de interés que consideraron respaldar los cambios firmaron acuerdos para hacerse con su propia porción de pastel. Los legisladores que apoyaron los cambios se arrepintieron a medida que el debate entraba en un año electoral. Las alianzas históricas entre legisladores rurales y urbanos resultaron difíciles de separar. El negocio agrícola de E.U. vertió más US$80 millones en lobby el año pasado, según la organización sin ánimo de lucro Center for Responsive Politics. Buena parte se concentró en la ley agrícola. La ley se ha convertido en un paquete de programas difíciles de cancelar, suministrando pagos y préstamos especiales a agricultores para contrarrestar las oscilaciones en los precios de los commodities y asegurar la estabilidad del mercado, así como los ingresos”. Después de leer esta retahíla de ‘micos’ y componendas, uno no puede menos que estar de acuerdo con Bismarck cuando observaba que hay dos cosas que las almas sensibles jamás deben ver elaborar: las leyes y las salchichas.

Para quien escribe esta nota, la victoria de los agricultores estadounidenses es una victoria pírrica. Es una victoria pírrica porque les aliviará los bolsillos durante el lustro que dure el programa, pero a mediano y largo plazo va en contra de los intereses de los mismos agricultores. Los altos precios de los productos agrícolas se deben a cuatro factores, dos de ellos estructurales y dos coyunturales. Los estructurales son el inusitado incremento en la demanda en países cómo China e India. Cada día, en proporción directa con el crecimiento de sus economías, los países emergentes van a requerir más proteína, especialmente de origen animal. El segundo factor es la conversión de maíz en etanol. Los coyunturales son la baja en inventarios y las crecientes inversiones de los fondos en físicos.

A medida que los países como Estados Unidos mantengan sus mercados domésticos cerrados y subsidien a sus agricultores para que puedan competir de manera desleal, poco se va a poder avanzar. Los países emergentes requieren mercados abiertos para colocar los productos, como el azúcar y los aceites tropicales, en los cuales son competitivos. Sólo el poder colocar sus artículos es lo que les puede permitir a estos países comprar los productos agrícolas que no pueden generar, como el maíz o el trigo, o de poder hacerlo, únicamente a un costo prohibitivo. El aparente triunfo de los agricultores estadounidenses, más que una victoria, lo que puede terminar siendo para ellos es una derrota. A mediano y largo plazo es mucho más importante ser el granero del mundo en trigo y maíz que seguir dependiendo de subsidios que tarde o temprano tienden a desaparecer.

Buscar columnista