Por: Isabel Segovia

Vida

¿De qué se trata la vida? Como en las películas, sabemos, aunque no siempre somos conscientes de esa realidad, que el protagonista muere. También, como en cualquier historia bien narrada, cuenta con introducción, trama y desenlace, y con capítulos claramente definidos. Sin embargo, la vivimos como si el inicio fuera mejor y olvidamos que para que una película sea buena debe serlo desde el principio hasta el final.

Aunque cada etapa de la vida está estudiada en detalle y la información se encuentra disponible para el que quiera consultarla, es más que todo de los primeros años de vida que se habla sin tapujos, se comparte información y se pregunta sin vergüenza. Por esta razón conocemos qué pasa en cada momento del desarrollo del ser humano desde su concepción hasta su adolescencia. Es en la fase del ciclo de vida que más cuidamos del otro y que lo valoramos más. Cuando nos volvemos jóvenes, saber y compartir lo que nos sucede no es relevante. Todo fluye, el cuerpo responde y la cabeza está produciendo todo lo que cultivó en los primeros años de vida. Es nuestro “mejor” momento, o así lo valora la sociedad: juventud divino tesoro.

Lo que sigue cuando la vida da la vuelta y los años empiezan a restar en vez de sumar no se puede comentar. En nuestra cultura y sociedad pareciera que envejecer fuese vergonzoso. Para insultarnos le decimos al otro viejo, como si serlo fuera nocivo o una elección. Las mujeres empezamos a sufrir cambios hormonales importantes y tanto hombres como mujeres sentimos cómo nuestros cuerpos comienzan a deteriorarse y la mente a desacelerar. Es también el periodo en que nos volvemos conscientes de nuestro desenlace. La muerte se hace presente en nuestras vidas, pues es el momento en que los padres empiezan a enfermarse seriamente y a morir. La infancia y la juventud no nos preparan para esto. No sabemos cómo asumir nuestro deterioro, ni cómo enfrentar la pérdida de nuestros seres más queridos.

Ahora que la ciencia y la medicina están logrando que vivamos muchos años, debemos aprender, conocer y disfrutar de cada etapa, enfrentar los cambios con dignidad y construir una sociedad que valore y respete todos los momentos. Envejecer no puede ser denigrante. Mientras el cuerpo, la mente y las ganas de vivir estén, debemos generar todas las condiciones para que cada ser humano en cualquier etapa que se encuentre pueda disfrutar la vida cómoda y dignamente. El gobierno, la ciencia, la cultura y la religión en ningún momento deberían ser obstáculos para lograr esto. Todo lo contrario, deberían ser caminos para ayudar a conseguirlo. Como en otras culturas, a mi gusto más evolucionadas, ojalá llegara el momento en que aprendamos a apreciar tanto la juventud como la vejez, y la vida como la muerte.

Tengo la suerte de no haber tenido que enfrentar la muerte prematuramente, y aunque no me siento bien preparada ni para asumir mi deterioro, ni el de los seres que amo, sé que tengo una enorme responsabilidad de estar y acompañar a vivir a los que quiero en sus afecciones y pérdidas. Ha sido una etapa difícil. La enfermedad y la muerte nos están rondando. A todos mis amigos que sufren por esta razón en estos momentos, de corazón, acá estoy. Cuentan conmigo. Mi compromiso hoy es con ustedes.

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2020-01-21T09:20:32-05:00

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2020-01-21T12:50:20-05:00

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