Por: Julio Carrizosa Umaña

La vida, la política y la economía

Hoy, pasado el 2 de octubre, no sigamos tratando de apoderarnos de más poder y de más dinero. Busquemos recobrar lo que hemos perdido.

Más allá del que haya ganado en el plebiscito, estoy seguro de que todos hemos perdido cosas muy importantes, entre ellas el amor al prójimo, los deseos de conocimiento, la búsqueda de la bondad, la capacidad de hacer amigos y el respeto a los otros.

Sin duda la política y la economía son importantes y tal vez era necesario dedicarles, en ese momento histórico, tanto tiempo y energía a esos temas, pero es indudable que si no recuperamos ese patrimonio humano perdido, no seremos capaces de reconstruir la nación.

Benedict Anderson propuso una idea que hoy es aceptada por muchos. Para él, las naciones se constituían cuando un gran número de personas compartían un imaginario, una imagen de un futuro territorial deseable. En esas imágenes el poder y el dinero tienen un papel, pero como son construidas por humanos es imposible que otros objetivos, como el amor, la bondad, la seguridad, el conocimiento, la amistad, la solidaridad, el respeto, el placer, la belleza, inclusive lo sagrado, no tengan un papel en su definición. En el caso colombiano hemos seguido constantemente las construcciones teóricas europeas para imaginar cómo debería ser Colombia y tal vez hoy es tiempo de reflexionar.

Esa reflexión podría iniciarse por definir cuánto nos interesan realmente el poder y el dinero, por darles su puesto en nuestros imaginarios, establecer sus límites y liberarnos de sus hegemonías. Todos sabemos que en nuestro interior los otros objetivos, los que nos hacen complejos, los que se refieren a modos diferentes de ver la realidad, se dan sin que necesariamente intervengan la plata y el mando; esa convicción interna debemos utilizarla para redefinir la nación colombiana que deseamos, la paz que queremos.

Afortunadamente nuestro territorio, que no es muy adecuado ni a la hegemonía política ni a la concentración del capital, sí está pleno de condiciones para que florezca la humanidad con todas sus complejidades. La extrema complejidad de la naturaleza no humana en Colombia a pesar de su deterioro goza de paisajes adecuados para lograr un buen vivir, paisajes en donde el mando y el dinero ocupan sus sitios pero permiten que pululen el amor, lo sagrado, la belleza, el placer, la bondad, la amistad, el conocimiento, todo lo que nos caracteriza en la vida como humanos.

Miembro de Paz Querida

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Julio Carrizosa Umaña

¿Para qué la universidad pública? I

Alternativas Reales al Glifosato

Vivir bien en la frontera