Viejas mulas en el transporte bogotano

Viviendo en el día a día de Bogotá desde que llegué con mi familia en los lejanos años treinta, veo una vez más una escena que he presenciado desde hace 70 años (y que bogotanos más añejos vieron desde los tiempos de los tranvías de mulas de la época de José Asunción Silva).

Es la misma película con otros apellidos. La ciudad en jaque por la explotación egoísta de unos pocos “peces gordos” (que a su vez explotan a otros trabajadores).

Yo me acuerdo — y a mí no se me escapa— cómo al doctor Gaitán lo “tumbó” como alcalde de Bogotá, en 1936, el gremio del transporte privado de Bogotá, por querer “modernizar” la ciudad (una de sus propuestas fue ponerles uniforme a los chóferes). Y ahora, en la última ola de mi vida, vuelvo a ver la misma película, ya no con tranvías sino con colectivos y busetas inhumanas.

Me parece increíble también que no se apoye más al alcalde de Bogotá en esta crisis que dura más de 70 años. Lo vimos el 9 de abril y muchas veces más. Hay intereses que se protegen en el gremio del transporte y los choferes y pequeños propietarios son víctimas de la explotación de los grandes monstruos que controlan el negocio a gran escala, con grandes beneficios económicos y un pésimo servicio para los ciudadanos. Tuve que ver a finales de los ochenta cómo se privatizaban los viejos Trollis y después los vi rodar bajo marcas privadas. En esos años se decía que los Trollis eran muy lentos. Y pensar que hoy se rueda más lento que en esos tiempos. Y también leo en El Espectador que ese mismo alcalde de esos años y el mismo que construyó la “enamoradora” troncal de la Caracas (monumento a la ineptitud, a la contaminación, a la fealdad y al peligro de principios de los noventa), dice que Bogotá no tiene alcalde hoy. Pues yo creo que si el alcalde Moreno logra imponer por primera vez en la historia de la ciudad un concepto de lo público contra viento y marea, pasará a la historia como un personaje invaluable para todos nosotros.

Estoy de acuerdo con la idea del Alcalde: “El interés general debe primar sobre el particular”. Ayer me llevaban a una Clínica por mis dolencias cardiacas, y nos gastamos dos horas. Pero no me importa, es un pequeño sacrificio con el que quiero contribuir a esta causa que durante más de 70 años ha estado perdida. Lo sufrí con paciencia. Ojalá esta vez este alcalde logre mantenerse firme y la ciudad pueda tener por fin un transporte moderno. ¡Será algo que yo ya no veré, pero espero que lo vean al menos mis nietos!

 Fernando Cualla. Bogotá.

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