Por: Hernán Peláez Restrepo

Viejo el viento

Sí, viejo el viento y sigue soplando. Sencillamente, para advertir que los años no pasan en vano para nadie, aunque siempre los buenos jugadores aprenden a aferrarse a sus experiencias y logran ofrecer buenos resultados.

Tal es el caso de Hamilton Ricard, El Tigre Castillo, Banguero y Gerson González, quienes con Quindío y América están dando pelea en un campeonato irregular, apretado, y donde cualquiera le puede ganar a cualquiera. Y es allí donde los veteranos entran a jugar un papel trascendental.

Es más, me atrevo a pensar que ninguno de los citados arriba perdería el puesto con los jóvenes suplentes de Millonarios, porque éstos se sienten suplentes, se conforman con serlo, y no exhiben voluntad y talento para desbancar a los titulares. Supongo que cuando a un jugador rotulado como suplente le ofrecen la opción de ser titular debe exigirse a sí mismo y a fondo. En el caso de Millos, ni Vásquez fue el organizador de juego, ni Rodríguez, otrora buen prospecto, que resultó expulsado casi inmediatamente al ingresar. Blanco, Henríquez y Manga, buenos muchachos, aunque suplentes confesos. Ese cuento de los 25 profesionales lo dicen los técnicos para mantener diplomáticamente unido al grupo. Todos sabemos que en los equipos hay titulares y suplentes, a no ser que sean los casos de Higuaín y Benzemá, que en el Madrid pelean por la titularidad y cuando uno de ellos entra cumple con goles.

Ahora, el caso de El Pecoso Castro es llamativo. Siempre se las ingenia para sacarle jugo a los veteranos. Una vez fueron Villagra y Rodas, después Léider Preciado, Elkin Murillo y Rodas. Ahora es Hamilton Ricard. A todos ellos los rodea de jóvenes, correlones, con entrega y que han aprendido a tocar de primera la pelota y asociarse bien en lo que llaman triangulaciones en los costados. El Pecoso, además, parte de una premisa sencilla. Mientras gane su equipo en el Centenario de Armenia, está en las finales. Eso lo está cumpliendo, y sabe explotar en cada partido las debilidades del rival. En la amplia victoria sobre Millos, 3-0, su lateral izquierdo, Fabio Rodríguez, supo sorprender al rival, arrimar a zonas libres, tirar los centros, uno arriba y otro abajo, para que Ricard marcara los dos primeros goles. Millos nunca entendió qué hacer y resultó tan confundido y perdido que sus delanteros inicialistas, Preciado y Carpintero, debieron salir por inoperantes.

Sé que el uniforme no juega. Sin embargo, la vestimenta de Millos no tiene vínculo alguno con la tradición. Quizás cuando se juega tan mal es preferible esconder el uniforme titular.

Como anoté al comienzo, la edad no interesa en el fútbol de hoy. El que sabe, sabe, así tenga una montaña de años a la espalda. El caso patético radica en que los jóvenes no superen a los viejos, porque son conformistas, ingresan a jugar sin ambición, sin ganas, y ahí es donde casi siempre pierden.

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