¿Viento de esperanza desde Europa?

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En respuesta al editorial del 24 de julio de 2020, titulado “Un viento de esperanza llega desde Europa”.

El viento de esperanza del plan de relanzamiento económico de la Unión Europea parece más un chiflón de esos que levantan faldas y corbatas y llaman la atención de los creyentes. Ahora que vemos claro entre la hojarasca de noticias elogiosas que se precipitaron sobre este humilde lector, lo que parecía un ejemplo de solidaridad y democracia acabó siendo una señal de que los mismos siguen con las mismas, como diría el estimable congresista.

¿Cómo creer que este acuerdo defiende la democracia y el Estado de derecho, cuando se retiró de las condicionantes para obtener dichos recursos el cumplimiento mismo de derechos fundamentales? ¿Cómo esperar que este plan no generará austeridad y profundizará la crisis, cuando está condicionado por el dogma reformista característico de la Comisión Europea que ataca el patrimonio de los Estados del sur, la inversión pública, el código del trabajo y las pensiones? ¿La cifra es enorme? Pero si es apenas el 4 % del PIB europeo y el mismo Parlamento había votado por una suma mayor. Sí, es la primera vez que la UE contrae deuda en bloque: ¡qué bueno! ¿Pero quién y cómo pagará esa deuda, si la misma UE no genera fondos propios? Dicen que con impuestos a las GAFA, las transacciones financieras y las emisiones de carbono. Propuestas que llevan años sobre la mesa y pasan como un viento frío en pleno invierno. Ojalá fuera verdad que se estuviera invirtiendo en la gente; suena bonito, pero el dicho plan supuso recortar recursos de inversión en salud, educación, investigación y en el pacto de transición ecológica. Como si no se hubiera aprendido la lección de este virus, como si lo único que quedara fuera dejarlo todo bien amarrado para que un eventual gobierno de izquierda tenga las manos atadas mientras se conquista Marte y ahí sí ¡sálvese quien pueda! Que ojalá ese viento no los ahogue.

¿Hay realmente solidaridad y redistribución de la riqueza entre los países miembros? Pues resulta que los que más se opusieron a que dicho plan fuera realmente una bocanada de aire son los que más rebajas han negociado para contribuir menos a la UE. Y estas nuevas negociaciones no fueron la excepción. Holanda, un paraíso fiscal para muchas empresas de ese continente, exigió incluso un dispositivo que pudiera frenar desembolsos a su parecer. Esto, sumado a un lamentable racismo del norte hacia el sur, es una espada de Damocles. Alemania, por otra parte, tiene interés en que los países del sur le sigan comprando y le sigan pagando deudas. ¿No habría sido más solidario negociar esas deudas?

El viento de Europa apenas si peina esta crisis que nos está dejando calvos. Cuando gana el dogma neoliberal, pierde la democracia. Nosotros, mientras tanto, tenemos que andar con cuidado porque podemos terminar pagando, como ha sucedido en otras épocas, deudas que no son nuestras.

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