Por: Eduardo Sarmiento

Vientos de recesión mundial

El segundo trimestre notifiqué que las economías de Europa y, en particular, la de Estados Unidos habían entrado en franca desaceleración.

En contraste, el comunicado de junio de la Reserva Federal proclamaba que la economía se recuperaba satisfactoriamente y la encuesta de economistas selectos dictaminaba que la probabilidad de una recaída era inexistente. Luego, en el comunicado de días pasados el mismo organismo señala que la recuperación se desaceleró y evoluciona por debajo de lo esperado, revelando un desconocimiento de los hechos que derrumbó su credibilidad. En los dos días siguientes las bolsas mundiales cayeron 4%.

La información acumulada señala un estado mucho más grave. La economía estadounidense pasó en seis meses de crecer 5% a menos de 1,5% y está cerca de una nueva recesión.

La explicación de los desaciertos es conceptual. Los gurús de los organismos internacionales y la Reserva Federal nunca entendieron las causas de la crisis de 2008. Todos ellos la atribuyeron a un problema financiero que se resolvía ampliando la liquidez y entregando cuantiosos rescates a las instituciones financieras. En mi libro La recesión mundial. Colapso del modelo único, presento una visión diametralmente diferente: el origen de la crisis mundial es el quiebre del orden económico internacional que da lugar a un exceso de ahorro sobre la inversión, que se subsana con la valoración de activos, y tiene como epicentro a Estados Unidos.

Las soluciones se orientaron a establecer la tasa de interés en cero y propiciar todo tipo de operaciones especulativas para elevar los precios de los activos y la aplicación de estímulos fiscales. Estas políticas subsanan el exceso de ahorro, pero no lo corrigen en forma permanente. Si bien detuvieron la recesión, no podían sostener la recuperación. Tan pronto como se dejaron de replicar los estímulos fiscales y descendieron los precios de los activos, el ahorro aumentó precipitando la caída del producto.

Las autoridades económicas han vuelto por las mismas. Pretenden enfrentar la nueva fase de la crisis con las mismas teorías que las causaron y fracasaron para superarla, con el agravante de que el margen de maniobra para aplicarlas es mucho menor. Ahora Bernanke sugiere movilizar la liquidez de la economía para estimular la especulación y la valorización de activos, elevar la riqueza y estimular el consumo y la inversión.

En cualquier caso, se puede esperar que en el desespero Estados Unidos trate de reducir el déficit de la balanza de pagos por los más diversos conductos, afectando al resto del mundo y, desde luego, a nuestro país. La economía colombiana lo percibirá especialmente en presiones de revaluación y menor acceso a los mercados internacionales de manufacturas y lo registrará en la recaída del crecimiento en el segundo semestre.

Estamos ante el fracaso de las concepciones clásicas y neoclásicas que sirvieron de base para el diagnóstico de la crisis y la aplicación de las políticas monetarias y fiscales tradicionales. Mientras los círculos internacionales no entiendan que la causa de la crisis es el quiebre del orden económico internacional y no se aparten de la ortodoxia, no habrá recuperación sostenida. Como mínimo, se requiere reformar el régimen cambiario, adoptar políticas industriales y aplicar subsidios al empleo.

 

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