Maratón musical del Pacífico contra el coronavirus

hace 2 horas
Por: Arturo Guerrero

Vigilancia totalitaria o revolución humana

Dos pesos completos de la filosofía contemporánea acaban de aplicar su lupa sobre el coronavirus. No tanto sobre el presente de los confinamientos y lavado de manos, sino sobre lo que quedará para la humanidad después del megaacontecimiento de la pandemia.

Detallan el funcionamiento del Gran Hermano que parece haber controlado en Asia la avidez del bicho con corona. Se espantan ante la perspectiva de que el personaje orwelliano se acomode en muchos países con velocidad similar a la que tiene la peste. Y delinean una posible salida más humana y bella.

El también historiador bestseller israelí Yuval Harari (1976) le da nombre técnico a la herencia nefasta que flota sobre el mundo: monitoreo biométrico centralizado o, más sencillamente, vigilancia totalitaria. Publicó en el Financial Times de este 20 de marzo “El mundo después del coronavirus”, donde proclama: “Hoy por primera vez en la historia humana, la tecnología hace posible monitorear a todos todo el tiempo”.

Alude a las medidas de rastreo de contagiados que el gobierno chino adoptó con velocidad inusitada. Celulares rigurosamente vigilados, cámaras que reconocen la cara, sensores ubicuos, algoritmos, aplicaciones que con un clic del usuario informan sobre presión arterial, frecuencia cardiaca, temperatura, sentimientos provocados por risa, llanto, enojo.

Esta telaraña, especie de nueva atmósfera inescapable, ha sido tendida para luchar contra el virus pero hay peligro de que se quede para siempre y sea utilizada por gobiernos absolutistas. La epidemia sería el punto decisivo de la lucha por la privacidad, con el agravante de que si a la gente la ponen a elegir entre privacidad y salud opta por la salud.

Aquí salta la estrella de la nueva filosofía alemana, el coreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959), quien en el texto “La emergencia viral y el mundo de mañana”, publicado por El País de Madrid el 22 de marzo, rastrea el origen del Gran Hermano en Asia. Ubica en Confucio la mentalidad y tradición cultural autoritaria de países como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán, Singapur.

“La conciencia crítica ante la vigilancia digital explica es en Asia prácticamente inexistente… Nadie se enoja por el frenesí de las autoridades para recopilar datos… En China no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación… Entonces la vida puede llegar a ser muy peligrosa… En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado”.

A continuación, Han se asoma al futuro: “China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aun con más orgullo… Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino”.

Tras la descripción pesada, los dos pensadores arriman una esperanza. “El monitoreo centralizado y los castigos severos —concluye Harari— no son la única forma de hacer que las personas cumplan con pautas beneficiosas”. Dar crédito a la ciencia, las autoridades y los medios de comunicación sería la alternativa. “Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos nosotros, personas dotadas de razón, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo”, finaliza Han.

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2020-03-27T00:00:49-05:00

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