Violación: arma de guerra

MIENTRAS LOS LÍDERES MUNDIAles luchan contra el terrorismo, proponen e implementan medidas excepcionales contra quienes lo practican, colocan a regiones enteras bajo embargo y gastan impronunciables cifras de billones de dólares para combatir este flagelo de los últimos tiempos, nunca se les escucha una palabra, una sanción o una propuesta contra el uso de la violación como arma de guerra en todo el planeta.

Hasta la semana pasada, frente a esta clase de terrorismo visceral y cruento que hace blanco en las a las niñas, los líderes se habían abstenido de pronunciarse, en especial cuando se trataba de un gobierno amigo. Ha sucedido siempre y sigue vigente en el siglo XXI no estando Colombia exenta de este horror.

Cuando uno se acerca a las organizaciones que trabajan por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, por los desplazados, por la paz, encuentra un largo historial de espeluznantes relatos de niñas, jóvenes, adultas y hasta ancianas que fueron violadas para escarmentar a sus familias y controlar a poblaciones enteras a través del miedo. Por eso sabemos que la mayoría de los desplazados son mujeres, casi todas víctimas de abuso sexual. Nada puede ser más cruel y canallesco que este procedimiento que se practica no sólo mediante el acceso carnal forzoso del hombre sino que lo realizan con fusiles, palos, tubos y cualquier elemento punzante, causando a las víctimas gravísimas consecuencias en su salud física, además del daño emocional irreversible.

Frente a esta agresión que convierte a las víctimas en vergonzantes, la actitud de los gobiernos y la opinión pública mundial sigue siendo lamentable: las violaciones en masa no reciben la misma atención que una fosa común,  como si las mujeres violadas recibieran un rasguño en comparación con la mutilación de un miembro. El caso de Sudán es una buena panorámica. Los campamentos de refugiados de Darfur son campos de violación: a las  transgredidas les cortan una oreja para que todos sepan lo que han sufrido y son enviadas a la calle desnudas para que reciban el rechazo de los suyos y la burla de las otras etnias; y, al mismo tiempo, los gobiernos de China, Indonesia, Sur África y Libia están dando apoyo irrestricto a la posición política del gobierno. Me pregunto, ¿debemos entender que esos países también apoyan la violación en masa y están adoptándola como una política externa o una vez más se trata del hipócrita “no es nuestro asunto”?

La posición de Naciones Unidas sigue siendo blanda: la semana pasada emitieron una resolución advirtiendo de la bestialidad de ese procedimiento y anunciaron mayor seguimiento. No es suficiente. Se necesitan tribunales internacionales que juzguen por crímenes de lesa humanidad a los violadores en masa y que los países miembros endurezcan al interior las sanciones y creen medidas de reparación para la víctimas de tan execrable pero silenciado crimen.

losalcas@hotmail.com

 

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