Por: Oscar Guardiola-Rivera

Violencia

Decía Fanon que mientras en los países capitalistas “los defensores de la moral y los embusteros separan a los explotados de los poderosos”, en las colonias “son el policía y el soldado quienes hacen contacto con el nativo y le advierten a golpes que no se mueva”.

Quizá sea un síntoma de los tiempos que corren el que mientras en un país semicolonial como el nuestro los Gómez Hurtado y los Ordóñez pretenden iluminarnos con sus enseñanzas morales, en los países capitalistas, en Europa y los Estados Unidos, son el policía y el soldado quienes advierten a los indignados cesar su protesta.

Los primeros, moralistas embusteros, conjuran con ansiedad los fantasmas de un pasado hoy moribundo en las calles de Europa, mientras se ocupan de mantener en su sitio a los explotados y a los poderosos de nuestro país. Se apoderan de sus nombres y sus frases de batalla, Gómez Hurtado por Primo de Rivera, Ordóñez por Franco, la defensa naturalista de la vida por el fundamentalismo ultracatólico y rabioso de la España falangista o el Chile pinochetista.

Pese a su grandilocuencia, la finalidad de tales acciones es ramplona y ordinaria: distraernos de la venta de la tierra sagrada de la Sierra, del despojo de nuestros recursos por parte de las mineras, de la virtual capitulación de nuestra soberanía económica en un tratado con la potencia de ayer, de la apropiación de la política regional por criminales en las próximas elecciones. El resultado es disfrazar la revolución paramilitar, mercantil, burguesa con un lenguaje prestado y la apariencia de una historia honrosa.

En el caso de los segundos, el policía y el soldado presentes con su bastones y sus gases en Atenas o Nueva York, es claro que su lenguaje es el de la nuda fuerza. “Este intermediario no busca hacer más ligera la opresión, ni ocultar la dominación”, decía Fanon, “más bien las pone en práctica con la clara conciencia de quien guarda la paz”.

Educada en la historia colonial, Europa responde a la ocupación-protesta transformando a la policía y la soldadesca, y a sus burócratas financieros, en una fuerza de ocupación propia. Se autoocupa, y en el proceso convierte a sus ciudadanos en población nativa .No es Libia la nueva colonia europea, sino Grecia, y bien pronto, de continuar como va, la España que tanto admiran e imitan nuestros Gómez Hurtado y Ordóñez.

Durante una entrevista en Wall Street, un corredor de bolsa le gritó a un activista: “¡Cállate, simio!”, mientras miraba con ira a la cámara, “contigo no hablo, porque eres un simio”. Nos lo dijo a todos.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.

 

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