Por: Columnista invitado

Violencia al desnudo

*Jose Darwin Lenis Mejía 

Un problema nacional, no menor al del narcotráfico, la corrupción o la crisis en salud, está en el deplorable sistema de justicia y convivencia ciudadana. Problema originado por la pobre inversión social del Estado colombiano, el ahogamiento económico de las familias y la falta de referentes éticos, además de la incursión de una cultura violenta y mafiosa que lleva enquistada más de 50 años en los territorios, prácticas y pensamientos de la población. La violencia en Colombia, está en crecimiento a escala exponencial en casi todos los rincones del país. Todos los días se conocen casos escalofriantes de violencia multicausal, en especial en las grandes capitales donde se impone la ley del más fuerte y el poder de las armas unge contradictoriamente como salvavidas para la sobrevivencia social. Es pan de cada día ver las violentas disputas  de los espacios de dominio “público” donde el control económico por la ilegalidad e informalidad terminan lamentablemente en riñas o muertes de muchos compatriotas. Según Medicina Legal, en el 2017 los asesinatos por violencia interpersonal pasaron de 44,49 por ciento a 67,85, en el caso de los hombres, y de 24,71 por ciento a 40,37 en las mujeres. Es decir, por cada dos mujeres asesinadas mueren ocho hombres, el promedio general de muertes por riñas supera el 60 por ciento. Pero, hay un sub-registro por falta de denuncias que según expertos puede aumentar la cifra a un 75%.

Esta crisis económica, ética y de relacionamiento entre ciudadanos se socializa de forma natural por los medios de comunicación y redes sociales generándose una expansión de desconfianza y anarquía ciudadana que se convierte viralmente en una invitación a hacer justicia por mano propia. En este sentido, es verdad, la población muy poco confía en la institucionalidad de la policía nacional, de la fiscalía o de órganos diseñados para la protección y defensa de los derechos humanos. Así, sin directrices gubernamentales claras, con liderazgos sociales fragmentados y muchos eufemismos políticos el horizonte esperanzador se torna oscuro, y apuestas trascendentales como los acuerdos por una paz cercana, duradera y total se diluyen en discursos estériles o de baja credibilidad como en el gobierno Santos.

Casos como la violencia escolar evidenciada en el colegio INEM de Medellín, es una muestra de la intolerancia, del odio y de la falta de acciones pedagógicas preventivas. Claro está que las instituciones educativas hacen una tarea formativa solitaria y con pocas herramientas de apoyo. Se sabe que la violencia es una construcción social, aprehendida principalmente en los entornos de la familia, del barrio y de la ciudad. Expreso esto, porque ahora trataran de buscar culpables rio arriba y de seguro indilgaran responsabilidades a la institución cuando en verdad, la génesis se ubica en el rompimiento de las relaciones y principios básicos aportados en casa.

Las violencias en, los estadios, por género, en la redes sociales, en las familias, en las calles, hacia los líderes comunitarios, entre ciudadanos y autoridades de policía o la violencia simbólica y discursiva de los políticos son tan abundantes que el análisis investigativo indica que la violencia tiene un fuerte arraigo estructural en las políticas de Estado y no en la cotidianidad adaptada por la población. Para tal acumulación, la desprotección de los derechos humanos fundamentales, la pobreza y la baja educación que abundan en el país, son un nutriente abono para el florecimiento y efervescencia de la violencia naturalizada en todas sus formas.

En términos estatales, lo que más se ve son documentos como, código de policía, código de infancia y adolescencia, ley de convivencia escolar, jurisdicción especial para la paz, ley estatutaria de la administración de justicia entre otros, pero poco se actúa en políticas estructurales de empleo, masificación de gestores culturales y deportivos, creación de nuevas organizaciones estatales de apoyo efectivo a las familias, programas sociales en los barrios, inversión en una mejor educación, planes de protección a la niñez  o en la formulación de políticas pertinentes de oportunidades para que la gente olvide y renuncie a la violencia y revierta los imaginarios o acciones hacia mejores relaciones de convivencia.

Con esta perspectiva, cabe preguntarnos como principio político ¿Cuáles son los planteamientos concretos de los candidatos a la presidencia de la república o por qué se oculta el debate nacional? sobre algunos temas como: la seguridad ciudadana, el emprendimiento, la ciencia y la tecnología, el mejoramiento de la educación, atención a la infancia vulnerable, protección a los ancianos, deserción escolar, protección y derechos de animales y plantas, el acceso a la educación universitaria o el tratamiento mismo de la perversa violencia que en sus múltiples matices nos afecta a todos. 

 

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