Virtual vs. presencial

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El debate está abierto hace ya varios años. ¿Tienen más alcance las comunidades virtuales? ¿O las presenciales?

Internet fijo y, sobre todo el móvil, las redes sociales, las millones de aplicaciones, todos ellos herramientas de la comunicación, han multiplicado el poder de individuos y comunidades. Sin moverse del lugar donde residen, pueden entrar en contacto con personas y entidades de cualquier parte del mundo para comprar y vender bienes y servicios, defender una postura política, las causas del medio ambiente, aprender, trabajar en cualquier campo, denunciar, jugar, ver cine.

Sin embargo, cuando se habla de comunidades virtuales, muchos se preguntan si en los espacios digitales puede generarse verdadera cohesión social.

El debate ha sido planteado, desde hace dos años, por Mark Zuckerberg, el creador y presidente de facebook, por un lado, y Duval Noah Harari, el autor de Homo Sapiens y 21 lecciones para el siglo XXI, por otro.

Nadie duda de los beneficios de las tecnologías de la información. No obstante, dice Harari que si alguien se enferma y tiene que convalecer, podrá recibir voces de aliento virtuales pero ningúan amigo virtual le podrá llevar un plato de sopa a la cama. Que, fundamentalmente, los seres humanos tenemos cuerpos físicos y que, pese al innegable avance de internet, las tecnologías nos distancian de ellos. Tenemos la posibilidad de contar con miles de “amigos” en facebook y seguidores en twitter, muchos de los cuales no conocemos, pero somos incapaces de entablar relaciones amistosas con nuestros vecinos de casa o apartamento.

Que alguien publique acerca de algún tipo de experiencia en facebook y reciba “likes” no significa amistad ni calor humano. Tan solo un registro digital. Nos alimentamos sin conciencia de lo que hacemos porque estamos pegados, como autómatas, al celular o la tableta, es decir, vivmos separados del cuerpo porque la tecnología nos absorbe.

Concluye Harari que si los seres humanos no nos sentimos en casa en nuestros cuerpos, menos vamos a estarlo en el impersonal mundo digital. No, no hay cohesión social sólo por las vías de las comunidades virtuales, excepto que éstas alienten, de alguna manera la “presencialidad”, el abrazo de la cercanía física.

Hasta acá, todo bien. No obstante, la pandemia, el confinamiento, el desempleo brutal, la quiebra de decenas de miles de empresas, los estudiantes a la deriva, han puesto el tema de la virtualidad en otra dimensión: la de la necesidad.

Desde luego, la brecha digital, la ausencia y los déficits de conectividad, de computadores, en muchas regiones, en el campo, en los hogares de menos ingresos, ha puesto en enorme desventaja a millones de hogares colombianos. La oportunidad del teletrabajo y el tele-estudio no existe para muchos.

Aún así, están ocurriendo hechos, en la mayor adversidad, que, ojalá, puedan ser documentados y emulados.

En áreas rurales de Belén de los Andaquíes, a través de whatsapp, hay niños que hacen sus tareas de matemáticas de segundo grado en grupos virtuales, con ayuda de las madres y docentes. Hasta circulan por los celulares un breve video en lengua coreguaje urgiendo el respeto por las medidas frente al corona virus ilustrando el distanciamiento social, el uso del tapabocas y el lavado de manos, elaborado por niños. El trabajo lo coordina la Escuela Audiovisual Infantil con sede en el pueblo. Lo llaman “relatos compartidos” (co-creación audiovisual con niños en tiempos del COVID) y, sin duda, ha generado algún grado de cohesión social en el contexto de zonas con muy deficiente internet.

En Ciudad Bolívar, en el área rural, trabaja una organización, Biblioseo. La consigna de estos meses tan duros para los hogares es la de otorgar el Kit del Hacedor (un laptop, audífonos) a jóvenes y conseguir conectarlos: “Los hacedores ven en la crisis la inspiración para innovar”. Los videos en youtube de los chicos del programa podrían servirnos de ejemplo de esperanza.

Es cierto: en uno y otro caso, en Belén y en Ciudad Bolívar, había un trabajo previo comunitario presencial. También es cierto que, en la crisis de la pandemia, el uso de las tecnologías ha contribuido a mantener a jóvenes de hogares muy humildes con la esperanza viva.

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