Por: Iván Mejía Álvarez

Virus atacante

Goleadas al por mayor. Un aluvión de goles en el Bernabéu por cuenta del Real Madrid, otra en el Camp Nou con la sinfónica azulgrana y la sorpresa, los cinco que le empacaron los alemanes del Schalke al campeón, el Inter, en la Champions.

Fueron 18 goles para un maravilloso promedio de 4,5 por juego. Y en la Liga de Europa, la otra mitad de la gloria como dicen de la Nissan Suramericana, goleadas del Oporto, el Benfica y el Villarreal, en total 19 goles en cuatro partidos, subiendo el baremo a 4,7.

Algo está pasando en el fútbol europeo, los datos no se pueden quedar en simples estadísticas, en sólo números, esa cantidad de goles no se había visto jamás en competiciones de tan alto nivel y conllevan la obligación de encontrarle razones al poderío ofensivo. Escuadras como el Real y el Barça están enseñadas a golear, a llenar de tantos a sus rivales, gracias a sus maravillosas nóminas, eso es cierto.

Pero, que también en la Liga de Europa se martillen tantas anotaciones y se vea una muestra de fútbol ofensivo, potente, audaz, lleva a la reflexión. De pronto, los técnicos entendieron que de la táctica miedosa, del exceso de desconfianza, de cercenar las ideas de los jugadores, de llenarles el cerebro de consignas defensivas queda muy poco y que los equipos deben buscar el equilibrio, defenderse bien pero atacar mejor, construir acciones ofensivas, usar la pelota para agredir futbolísticamente al adversario. Y todo eso ha generado esa epidemia de goles, ese saludable virus ofensivo que tanto gusta al aficionado común y corriente por encima de los genios de la táctica y la defensa a ultranza.

Falcao García metió tres goles, se perdió otros tres y el campeón portugués Porto goleó y casi que aseguró su pasaje a la siguiente ronda. Entonces, con toda razón, el aficionado colombiano medio se revuelve y pregunta: ¿Y por qué Falcao no hace goles con la selección como sí los hace con el Porto?

La única explicación válida radica en el entorno, la construcción, la elaboración de juego. En el elenco lusitano Radamel juega a meter goles, con clarísimas consignas atacantes, donde no se queda quieto, sale a los costados, toca, llega y define. La maniobra del primer gol lo muestra saliendo del área, buscando la pared, pelota que abren a un costado, el centro y Falcao llega al remate para meterla. Y así, Radamel mete goles como arroz porque es un goleador, así algunos no lo quieran creer.

En la selección, Falcao juega solo, sin nadie por detrás que le meta un pasecito, sin nadie que construya, que elabore fútbol, el equipo está dedicado a la táctica, a marcar, a formar bloques defensivos, a demostrar que el técnico planificó muy bien el cero.

La moda de los ‘furibolillistas’ parece ser quemar a Falcao, como antes lo hicieron con El Tren Valencia y con Iván René. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

La final

El fútbol de hoy

Cuestión de fe

Enseñado a ganar

Semilla germinada