Por: César Ferrari

Vislumbrando el futuro

Donald Trump, luego de visitar al rey de Arabia Saudita, anunció que había logrado venderle armamento por cien mil millones de dólares. Dos días después, gracias a la presentación de su presupuesto al Congreso estadounidense se sabe que planea vender la mitad de sus reservas estratégicas de petróleo (688 millones de barriles), es decir 95 mil barriles diarios durante los próximos 10 años, como una forma de financiar su recorte de impuestos a las empresas y personas más adineradas de su país. Se supo también que la otra forma de financiarlo es un recorte en la Secretaría de Estado que incluye disminuir en 35 por ciento la ayuda al Plan Paz Colombia (de 391 millones a 251 para el año fiscal 2018).

Pero el anuncio de venta de las reservas ocurrió dos días antes de que la OPEP realizara su reunión para mantener el recorte de producción con la finalidad de incrementar los precios petroleros (o evitar su desplome). La consecuencia es obvia, en poco tiempo el recorte de producción petrolera sería inocuo y los grandes perjudicados serían Arabia Saudita, Rusia, Irak, Irán y Venezuela, pero también el Estado Islámico que se financia con la venta de petróleo de los territorios que controla.

¿Será que el rey saudita fue informado y a pesar de ello decidió dicha compra de armamento? Si no lo fue, menudo problema, porque podría molestarse y anularla. ¿Pero, por qué lo aceptaría? ¿Estaría dispuesto a aceptar una reducción de sus ingresos y comprar armamento al causante, para debilitar financieramente a sus enemigos Irán y el Estado Islámico? Puede ser.

De paso, Rusia se debilitaría. Para Trump sería una manera de mostrar su independencia de Rusia en un momento en que parece cercado precisamente por los vínculos aparentemente probados de su entorno con el presidente Putin. Pero, ¿aceptaría Putin? ¿O comenzaría a pensar que fue un error apoyar entre bambalinas a una persona tan errática? Y, entonces, Trump habría logrado otro enemigo poderoso que podría estar pensando en desestabilizarlo y en la conveniencia de un sustituto, muy conservador pero predecible.

Más aún, con su intervención en el G7 en Taormina, quedó claro que Trump selló su distanciamiento de Europa: la Canciller Merkel lo señaló duramente: "Quien lleva las orejeras nacionales puestas, y no tiene ojos para ver el mundo que le rodea, estoy convencida de que termina alejado en un limbo."

En ese contexto Europa celebrará el jueves y viernes próximos en Bruselas una cumbre con el primer ministro chino, Li Keqiang, durante el cual anunciarán compromisos de reducción de emisiones y refuerzo de las energías renovables. A su vez, ambos han señalado su interés en mantener la globalización y avanzar en la nueva “Ruta de la Seda” que incluye a Rusia. ¡Mientras China defiende el libre comercio, el estadounidense insiste en cerrarse y aislarse!

A partir de todo ese tinglado ¿qué puede pasar con el precio del dólar en los próximos meses? La respuesta parecería obvia: los flujos de capitales fluirían entre Europa y Asia alejándose de Estados Unidos, lo que provocaría una devaluación del dólar vis a vis el euro y el yuan. Y en estas latitudes, la oferta de dólares tendería a reducirse por los precios petroleros, con fuerza a partir del segundo semestre por el recorte de la ayuda. Y eso significaría más pesos por dólar, en un contexto de su devaluación frente al euro.

De lo cual se desprendería un alza en los precios colombianos de los bienes que se transan internacionalmente. Lo cual sería beneficioso para los productores agropecuarios, de manufacturas y de turismo receptivo, pero en su relación con Europa y Asia, más no con Estados Unidos si este insiste en cerrarse.

Pero el banco central podría asustarse nuevamente con la cuestión inflacionaria y descontinuar la reducción de su tasa de interés. Si es así, las tasas de interés comerciales no se reducirían, antes bien volverían a elevarse con lo cual los costos financieros de las empresas aumentarían, alejando nuevamente la recuperación de la economía. ¡Mejor dicho!

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