¡Viva el Valle, viva Cali!

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No es regionalismo barato. Es observar con orgullo cómo este departamento y su capital han subido como un cohete bajo las administraciones de Dilian Francisca Toro y Maurice Armitage. Dos gobernantes apasionados y entregados de lleno a su trabajo y a recuperar la región y la ciudad hasta entregarlas en sus niveles más altos de progreso y empuje.

Sin importarles madrugones, trasnochos, contratiempos, críticas, controversias, muchas veces nadando contra la corriente y desafiando temporales.

Dilian Francisca termina su mandato con el índice más alto de aprobación en la historia del Valle. Su capacidad de trabajo y dedicación, disciplina y seguimiento milimétrico de todos los proyectos posicionaron al Valle como piloto en Colombia en inversión, formación de líderes campesinos, vías internas, salud y educación. El Valle vuelve a ser un departamento líder. Su sucesora, Clara Luz Roldán, continuará ese ritmo y dinámica imparables. Sobran las felicitaciones.

Ya el centralismo capitalino y sus roscas tendrán que apoyar decididamente esta región, que tiene el puerto más importante del Pacífico. Tiene la obligación perentoria de finalizar esa doble calzada a Buenaventura, de apoyar la industria azucarera, de incentivar la agricultura... así nuestros honorables representantes no den pie con bola muchísimas veces por estar enredados en sus propios egos y componendas politiqueras. Los elegimos por otros motivos y para otras cosas, pero la dinámica política es como la puerca que tuerce el rabo...

Maurice Armitage, un ser humano excepcional, víctima de dos secuestros, hecho a pulso, generador de empleo en sus empresas, que son líderes en responsabilidad social, se dedicó, sin ser político, a servir a Cali por amor a su tierra y devolverle la dignidad que había perdido. Se la jugó toda por la educación, porque está convencido, con razón, de que sin educación desde la niñez no existe futuro digno posible para una ciudad tan compleja. Jamás repartió mermelada ni aceptó pactos politiqueros. Muchos no se lo perdonan. Pero en su administración no se perdió un solo peso. No hubo botín. Cali recobró su civismo, sus ganas de progresar, de ser de nuevo capital cultural, deportiva, musical, gastronómica y turística. Cali es de nuevo la Sucursal del Cielo, con su brisa, su cadencia sensual, sus ceibas, su alegría, ¡su son!

Estoy segura de que Jorge Iván Ospina continuará ese ritmo. Personalmente, me gustó su desempeño anterior como gobernante. Tiene visión y un claro compromiso de responsabilidad social. No se deja manipular fácilmente y tiene conocimiento de su ciudad.

Gracias, Dilian Francisca. Gracias, Maurice. Buen viento y buena mar para Clara Luz y Jorge Iván. ¡Bien por el Valle y Cali!

Posdata. ¡¡¡Américaaaaaa!!!

 

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